La Cumbre del Futuro y la imposibilidad de multilateralismo sin financiamiento

Por Javier Surasky

 

La Cumbre del Futuro se presenta como una oportunidad para reforzar el multilateralismo con Naciones Unidas en su centro. Sin embargo, sin una base financiera más sólida y previsible, resulta difícil imaginar una ONU con capacidad real para responder de forma eficaz a los desafíos globales.

La falta de financiación a disposición de la ONU tiene una larga historia. A pesar de las promesas de sus Estados Miembros y sus constantes reclamos por una acción más eficaz, los aportes de recursos financieros que permitirían una acción multilateral fuerte no se hacen efectivos.

Comencemos por mostrar la realidad general de financiamiento de la organización multilateral más importante del mundo, cuya misión incluye mantener la paz y la seguridad internacionales y realizar la cooperación internacional (artículo 1 de la Carta de las Naciones Unidas, párrafos 1 y 3).

Para el período 2024, la ONU contó con un presupuesto regular asignado de USD 3.59 mil millones (A/RES/78/254 A–C) ¿Cómo se ve esta suma comparada con los presupuestos regulares de otras entidades?
 

Figura 1: Comparación entre presupuestos (en USD miles de millones)

Gráfico de barras que compara presupuestos en miles de millones de dólares entre el Real Madrid, la ONU 2024, París 2024, la ciudad de Nueva York y la Unión Europea, mostrando la gran diferencia de escala financiera.

(2) Fuente: A/RES/78/254 A–C
(3) Fuente: France 24.
(5) Solo en pagos, los compromisos que se suman a ellos tienen un valor de Eur. 189.4 mil millones. Fuente: Consejo de Europa.

Fuente: elaboración propia
 

Si consideramos solamente el sistema de desarrollo de las Naciones Unidas, los últimos números disponibles nos indican que la suma de los aportes del presupuesto regular de la ONU y de aportes extraordinarios eleva considerablemente la disponibilidad de fondos, que en 2022 (último año para el que contamos con datos oficiales) han llegado a un valor de USD 54.5 mil millones.

Sin embargo, y aquí viene una parte de la explicación de por qué los Estados miembros prefieren otorgar fondos por fuera del presupuesto de la organización, la mayor parte de ellos son fondos marcados, lo que significa que quien los otorga establece el país o las acciones que podrán beneficiarse de los recursos, quitando ala ONU la posibilidad de asignarlos al lugar o acciones donde los considere más necesarios.

La explicación de la preferencia por los fondos marcados que muestran los Estados e fácil de explicar: les permite alinear los recursos que ponen en manos de la ONU a sus propias prioridades de política exterior.

Veamos la evolución que han seguido entre 2012 y 2022 los recursos aportados como recursos generales (core funding) y la de los recursos marcados (non-core funding).
 


Cuadro 2: Evolución de recursos core y non-core puestos a disposición del sistema de desarrollo de las Naciones Unidas (2012-2022, en USD miles de millones)


Gráfico de líneas sobre la evolución de los recursos core y non-core del sistema de desarrollo de Naciones Unidas entre 2012 y 2022, con fuerte crecimiento de los fondos non-core frente a un aumento moderado de los fondos core.
 

Más aún, el resultado de las crecientes necesidades humanitarias y la asignación de fondos marcados al sistema de desarrollo de la ONU ha llevado, en 2022, a una inversión de la prioridad de asignación desde la asistencia al desarrollo hacia la acción humanitaria. En otras palabras, a poner el foco sobre la respuesta de urgencia por encima de la promoción de cambios estructurales en favor de un mayor desarrollo sostenible. La atención de la urgencia se torna así en un nuevo límite para un uso más eficiente de la financiación disponible.
 

Figura 3: Tendencias de la financiación de los fondos temáticos de organismos concretos según se dirijan a acciones humanitaria o de promoción del desarrollo (2012–2022, USD millones en términos reales)

Gráfico de barras apiladas sobre la financiación de fondos temáticos de organizaciones del sistema de la ONU entre 2012 y 2022, diferenciando recursos destinados a desarrollo y asistencia humanitaria, con un fuerte aumento en 2022.


 
El resultado de ello es, en palabras del secretario general, que “la actual arquitectura de financiación del sistema de las Naciones Unidas para el desarrollo, caracterizada por la continua disminución de la proporción de recursos básicos [core] en la financiación total, la falta de previsibilidad y la gran dependencia de un pequeño número de Gobiernos contribuyentes, no es sostenible para un sistema que necesita ampliar su labor y tener un impacto integrado y estratégico”.

No habrá oportunidad alguna para la Cumbre del Futuro que se reunirá en septiembre de este año para producir cambios hacia un multilateralismo más fuerte con la ONU en su centro bajo este esquema de financiación. El esquema de negociaciones fuertemente intergubernamental, con una casi total exclusión de otros actores, tampoco ayuda a imaginar un multilateralismo más efectivo, pero eso es tema para una futura entrada de nuestro Radar Global.

Actualización
Para ver datos más actuales sobre la AOD ver el post "Cómo la caída de la ayuda al desarrollo puede ampliar la brecha digital"