Esta entrada es una contribución de Giselle Ana Sanabria
Lic. en Geografía, Maestranda en
Relaciones internacionales e integrante del Centro de Estudios sobre
Inteligencia Artificial y Relaciones Internacionales (CIARI) del Instituto de
Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de La Plata, Argentina
En el escenario global contemporáneo, la
inteligencia artificial es más que hardware y software para convertirse en un verdadero factor político y estratégico. Hablamos aquí de
actor estructurante, dado que redefine las reglas del juego y otorga poder a
quienes la desarrollan y controlan. Por eso, muchos analistas sostienen que
entender la IA es hoy tan importante como comprender el desarrollo de la
energía nuclear o el petróleo en el siglo XX.
Los algoritmos,
invisibles pero decisivos, moldean dinámicas de poder, influyen en la toma de
decisiones y redefinen las relaciones internacionales: desde la capacidad de
procesar datos masivos hasta la posibilidad de anticipar comportamientos
sociales y económicos, la IA se ha transformado en un recurso que otorga
ventajas comparativas a los Estados, empresas y organizaciones que logran
dominarla.
En este sentido, los estudios internacionales
enfrentan un nuevo desafío: comprender cómo la gobernanza de la IA, la
regulación de sus usos y la competencia por su desarrollo configuran un mapa de
poder tan complejo y potencialmente más volátil que el de los recursos
energéticos o las armas estratégicas en el pasado. Si en el siglo XX el control
del petróleo definía las alianzas y las áreas de influencia, en el siglo XXI la
capacidad de cómputo (compute) y el acceso a conjuntos de datos masivos (datasets)
se erigen como los nuevos activos determinantes de la jerarquía global.
Esta nueva arquitectura de poder vislumbra tres
dimensiones críticas para su análisis:
La Geopolítica de la Infraestructura:
La competencia es tanto por software y hardware como por la base material que los sostiene. La fabricación de semiconductores de vanguardia y la ubicación de centros de datos a gran escala están generando nuevos puntos de estrangulamiento (chokepoints) geográficos. Una interrupción en la cadena de suministro de chips en el estrecho de Taiwán hoy tendría un impacto sistémico comparable a un cierre del estrecho de Ormuz en las crisis energéticas del pasado, cuyos resultados comienzan a repetirse como consecuencia de la actual guerra en Medio Oriente.
La Algocracia y la Legitimidad:
La pregunta
ya no es si la inteligencia artificial influye en la política mundial, sino
cómo y en qué medida los algoritmos se convierten en instrumentos de hegemonía,control y negociación. Estamos pasando de una diplomacia basada en la
deliberación humana a una "algocracia" internacional, donde las
decisiones sobre sanciones económicas, gestión de fronteras o respuesta a
desinformación son delegadas a sistemas cuya lógica interna suele ser opaca
para los propios Estados que los emplean, al tiempo que las decisioines basadas en evidencia pueden estar sesgadas por la preeminencia en los sistemas de IA de datos que responden a una visión del mundo de los países poderosos de occidente.
La Colonización Normativa:
Quien lidera la
innovación técnica tiene la prerrogativa de exportar sus valores a través del
código. Si los estándares de seguridad y ética de la IA son definidos
unilateralmente por un bloque de poder, aun con diferencias internas, el resto del mundo se verá obligado a
importar una "cosmovisión digital" que puede chocar con sus intereses
soberanos y sus culturas. La IA no es neutral; es un vehículo de
valores políticos camuflados bajo la apariencia de eficiencia técnica.
Por lo tanto, el estudio de las Relaciones
Internacionales hoy exige una alfabetización tecnológica profunda. Comprender
el equilibrio de poder actual requiere analizar no solo tratados y despliegues
de tropas, sino también las arquitecturas de red, los protocolos de gobernanza
de datos y la propiedad intelectual de los modelos fundacionales. La hegemonía
ya no se mide solo por la capacidad de imponer la voluntad por la fuerza, sino
por la capacidad de programar las reglas de juego del sistema global.
Este blog propone abrir el debate sobre la IA
como factor de poder en las relaciones internacionales, explorando sus
implicancias éticas, políticas y geopolíticas, y ofreciendo claves para
interpretar un mundo donde el dominio tecnológico se traduce en influencia
global.
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