De potencia regulatoria a buscar soberanía tecnológica
Por Javier Surasky
Versión en inglés en próximo miércoles (EN)
No obstante, creemos que reducir el lugar que ocupa la UE a
su capacidad regulatoria es un error, como lo reflejan sus esfuerzos por pasar
de ser el gran regulador global de la IA a convertirse en un espacio de
producción, adopción e infraestructura digital de avanzada, un desplazamiento
clave para entender el cambio de la UE en el nuevo mapa de poder de la IA.
El punto de partida de esa arquitectura es el Reglamento
Europeo de Inteligencia Artificial, conocido como AI Act, en vigor desde el 1º
de agosto de 2024, con etapas de aplicación graduales: las prácticas
prohibidas y de alfabetización en IA se aplican desde el 2 de febrero de
2025 y las reglas sobre modelos de IA de propósito general y gobernanza
desde el 2 de agosto del mismo año. La mayor parte de la AI Act empezará el
2 de agosto de 2026., aunque algunas obligaciones para sistemas de alto
riesgo integrados en productos regulados tienen plazo de aplicación
extendido hasta un año después
El AI Act expresa el poder europeo de ordenar el mercado
mediante una regulación basada en riesgos: riesgo mínimo (videojuegos que usan
IA), riesgo limitado (chatbots), riesgo alto (sistemas de contratación por IA)
y de riesgo inaceptable (como el social scoring por autoridades públicas).
Estos último quedan prohibidos, mientras que los tres primeros deben responder
a obligaciones diferenciadas para cada nivel.
El AI Act se apoya en una arquitectura regulatoria previa en
la que se destaca el Reglamento General de Protección de Datos (GDPR), vigente
desde 2018, que convirtió a la Unión Europea en referencia global en materia de
protección de datos personales, fijando requisitos de licitud, transparencia,
minimización, limitación de finalidad, seguridad, responsabilidad proactiva y
derechos de las personas frente al tratamiento automatizado de información.
Quien quiera operar en territorio de los países de la UE deberá adaptarse a esa reglamentación, y ese es el mayor activo geopolítico europeo.
En julio de 2025 la Unión publicó un Código de Prácticas
para modelos de IA de propósito general que opera como herramienta voluntaria
para facilitar el cumplimiento del AI Act mediante un trabajo conjunto entre expertos
independientes, múltiples actores interesados, la Comisión Europea y el AI
Board europeo orientado a lograr soluciones de convergencia entre innovación,
transparencia, seguridad y rendición de cuentas.
Pero el poder regulatorio europeo no es suficiente para
posicionar a Europa en la carrera de la IA: necesita mayor infraestructura,
capital, talento, datos y modelos propios.
Consciente de ello, desde 2025, la Unión impulsa una
estrategia complementaria: el AI Continent Action Plan, que incluye cinco áreas
estratégicas: infraestructura de cómputo, datos, adopción sectorial, talento y
simplificación regulatoria.
El corazón de la nueva estrategia está en el ámbito de la infraestructura,
especialmente a través de lo que han denominado “Fábricas de IA” (AI Factories),
que funcionan como nodos de soberanía tecnológica que combinan capacidad
computacional avanzada, ecosistemas de innovación y acompañamiento
especializado para transformar la regulación europea en capacidad real de
producción, adopción y aplicación de IA.
Esa “fábricas”, abierta a startups, pymes, industria,
investigación, academia y autoridades públicas, se apoyan en la red europea de
supercomputación y, para ser consideradas tales, deben reunir cómputo avanzado
(capacidad informática de alto rendimiento), datos de calidad (conjuntos de
información adecuados para entrenar, validar o aplicar sistemas de IA que sean
relevantes, representativos, actualizados, documentados, interoperables y
legalmente utilizables), un esquema de gobernanza de datos (conjunto de reglas,
procedimientos y responsabilidades que ordenan cómo se recolectan, almacenan,
comparten, protegen y usan los datos), servicios técnicos especializados
(equipos y herramientas que ayudan a los usuarios a convertir una idea en una
aplicación funcional), talento técnico (personas capaces de operar esa
infraestructura y acompañar los proyectos), brindar asesoramiento regulatorio
(apoyo para que los proyectos cumplan con las normas aplicables y contar con un
ecosistema de usuarios (comunidad de actores que utiliza y alimenta la AI
Factory: startups, pymes, universidades, centros de investigación, empresas,
organismos públicos y sectores industriales)
Según la propia UE, en abril de 2026 existían 19 fábricas de
IA y 13 antenas operativas asociadas a supercomputadoras optimizadas para IA.
El paso siguiente son las AI Gigafactories: infraestructuras
más potentes que las fábricas, pensadas para entrenar y desplegar modelos de
IA de frontera o de muy gran escala que persiguen dar a Europa capacidad
estratégica para competir con Estados Unidos y China en el desarrollo de
modelos avanzados. Para lograrlo se ha lanzado la iniciativa InvestAI apunta a
movilizar 200.000 millones de euros en inversión en IA, incluyendo un fondo
europeo de 20.000 millones para financiar hasta cinco gigafábrica capaces de
entrenar modelos complejos a gran escala.
La estrategia Apply AI refuerza esa orientación pero esta
vez con el objetivo explícito de mejorar la competitividad de sectores
estratégicos y fortalecer la soberanía tecnológica europea, especialmente
mediante la adopción de IA por pymes y sectores productivos, lo que muestra una
diferencia del proyecto europeo tanto respecto del de los Estados Unidos como del de China: mientras el primero organiza su poder alrededor de grandes
empresas privadas, capital de riesgo, infraestructura cloud y controles de exportación,
y la segunda en torno a planificación estatal, integración industrial y
despliegue masivo, la UE busca articular un modelo institucional distribuido
que integre regulación común, financiamiento europeo, capacidades nacionales y mercado
único con protección de derechos y adopción sectorial.
El AI Index Report 2026 de Stanford HAI señala, además, que
globalmente la Unión Europea es más confiable que Estados Unidos o China para
regular eficazmente la IA, un dato relevante si consideramos que la confianza
se ha convertido en un recurso de poder institucional y, como contracara, que la
inversión privada europea en IA generativa se encuentra muy por debajo de la
estadounidense y, posiblemente, también de la de China (los datos chinos al
respecto no son completamente fiables).
Una mirada en conjunto nos muestra que la estrategia europea
de IA incluye regulación de algoritmos, continuidad entre gobernanza de datos y
capacidad de cómputo e impulso del mercado digital común, acompañados del
refuerzo de derechos fundamentales y de mecanismos de control institucional del
poder tecnológico.
El desafío para la UE hoy es convertir su poder regulatorio
en poder productivo, y su mayor riesgo el de quedar atrapada en la paradoja de ser
el espacio que define las reglas de la IA confiable, pero depender de modelos,
chips, nubes y plataformas desarrolladas por otros.
Datos básicos
- El AI Act entró en vigor el 1º de agosto de 2024 y será plenamente aplicable, con excepciones, desde el 2 de agosto de 2026.
- El Código de Prácticas para modelos de IA de propósito general fue publicado en julio de 2025 como herramienta voluntaria de facilitación del cumplimiento del AI Act.
- El AI Continent Action Plan organiza la estrategia europea en torno a infraestructura de cómputo, datos, adopción sectorial, talento y simplificación regulatoria.
- La Unión Europea impulsa AI Factories para dar acceso a supercomputación a startups, pymes, industria, investigación, academia y autoridades públicas. Para abril de 2026 la Comisión informaba sobre la existencia de 19 AI Factories. Un paso más allá se encuentra el impulso de Gigafactories.
- InvestAI busca movilizar 200.000 millones de euros en inversión en IA, de los cuales 20.000 millones se destinarán a financiar hasta cinco AI Gigafactories.
- La estrategia Apply AI persigue acelerar la adopción de IA en sectores estratégicos.
- La principal fortaleza europea está en su capacidad regulatoria, su mercado interno, su legitimidad institucional y su apuesta por una IA confiable y su mayor vulnerabilidad en la brecha de inversión privada, la dependencia de infraestructuras externas y la limitada presencia de modelos europeos de frontera.
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