Por Javier Surasky
Dedicado a mi hijo y compañero de goles, Manuel Surasky
De los errores humanos a la producción técnica de la verdad
Se acerca el mundial de fútbol 2026, y en nuestra sección sobre IA y sociedad, queremos hablar del Video Assistant Referee (VAR), presentado como una solución tecnológica a un problema
estructural: el error arbitral grave. Sin embrago, lejos de eliminar las
disputas cambió su eje: ¿Quién y cómo decide qué es lo que narra una imagen?
El principio 1.1 del Protocolo VAR del International
Football Association Board (IFAB) establece que el sistema está destinado a
“asistir al árbitro únicamente en caso de que se produzca un ‘error claro,
obvio y manifiesto’ o un ‘incidente grave inadvertido’”, y lo circunscribe a
cuatro supuestos: gol, penal, tarjeta roja directa (no así la segunda
amonestación) y confusión de identidad. (IFAB, s.f.). La promesa era sencilla:
más tecnología equivaldría a más justicia.
Esa narrativa descansa, sin embargo, en un presupuesto rara
vez explicitado: que el error arbitral es, ante todo, una falla de su
percepción. Pero el arbitraje no se agota en “ver bien” sino que involucra
interpretación situada, aplicación de normas abiertas y ejercicio de autoridad.
Y aquí comienzan los problemas.
La tecnología no elimina el componente humano: lo
reconfigura. Collins, Evans y Higgins (2016) sostienen que la incorporación de
tecnologías al arbitraje, lejos de suprimir el rol humano, redistribuye la
autoridad y reordena el proceso decisional en configuraciones técnicas.
En ese sentido, el VAR no suprime el conflicto: lo desplaza.
La autoridad ya no reside exclusivamente en el árbitro de campo, visible,
identificable, personalmente imputable, sino que se distribuye en una red de
cámaras, operadores, protocolos, software y organismos internacionales. La
pregunta central deja entonces de ser “¿qué vio el árbitro?” para convertirse
en otra: ¿cómo se produjo la imagen sobre la que se decide?
Más que corregir errores, el VAR instala una mutación: del
acierto/desacierto humano a un régimen de decisión apoyado en una producción
técnica de evidencia que, lejos de ser neutra, es selectiva, mediada y en buena
medida opaca. Y con ello, el problema ahora es quién y cómo produce lo que
cuenta como verdad en el juego.
El VAR como régimen de producción de verdad visual
El VAR es un dispositivo que organiza el régimen de lo que
se tiene por verdadero en el partido. Decide qué jugadas son revisables, qué
imágenes son críticas, qué ángulos se muestran y cómo se articula el proceso
decisional, y esas decisiones son parte de la construcción de la evidencia
misma sobre la que se apoyará el fallo del árbitro principal.
La legitimidad del VAR se apoya en la confianza histórica en
la imagen como prueba. Susan Sontag advertía que, aunque las fotografías son
valoradas como relatos transparentes de la realidad, producen una
objetivización (objectify) “convierten un acontecimiento o a una persona
en algo que puede poseerse”, funcionando como una forma de “alquimia” más que
como un acceso directo a los hechos (Sontag, 2003:81). De esta forma la imagen expresa
necesariamente procesos de selección, ralentización, interpolación y
reconstrucción direccionados por quien la “atrapan” o, para ser más exactos, la
generan.
Bowker y Star han mostrado que toda clasificación se basa en
categorías sostenidas por “artefactos históricamente situados que, como todos,
se aprenden como parte de la pertenencia a comunidades de práctica” (Bowker
& Star, 1999:287). En el VAR, estas decisiones se manifiestan en
cuestiones aparentemente menores como qué partes del cuerpo cuentan, qué margen
de error se admite, qué frame fija el instante exacto a tener en cuenta.
Son esas decisiones, y no el VAR, las que definen el resultado de jugadas, aun
cuando la imagen que fundamenta la decisión sea una evidencia mediada,
construida bajo criterios técnicos y normativos.
Por “evidencia mediada” entendemos aquella que funciona como
registro de un acontecimiento, lo que ocurre como resultado de procesos
técnicos y normativos de selección, procesamiento y validación que condicionan
su significado.
IA y la transformación de la evidencia
La incorporación progresiva de sistemas de inteligencia
artificial (IA) al arbitraje intensifica la lógica de desplazamiento por
descentralización iniciada con el VAR. En el caso del fuera de juego
semiautomático, FIFA (2022:1) describe un sistema basado en: 1. una “tecnología
capaz de generar automáticamente líneas de fuera de juego en todas las áreas
del campo; 2. La capacidad de seguimiento del balón, que puede identificar
automáticamente la ubicación del balón y el momento en que el balón es pateado;
3. un sistema válido de seguimiento esquelético capaz de identificar automática
y precisamente puntos esqueléticos en múltiples jugadores simultáneamente; y 4.
un sistema de alertas capaz de mostrar automáticamente mensajes cuando ocurren
incidentes de fuera de juego”.
Nuevamente, el núcleo del problema está en el carácter que
se atribuye a la decisión que produce: el fuera de juego deja de ser una
cuestión interpretativa y, por tanto, contextual y debatible, para convertirse
en un hecho técnico incuestionable. La decisión es la “simple constatación”,
con apoyo de una IA, de un estado de cosas.
El “detalle” es que, como advierte Hildebrandt, los sistemas
computacionales no se limitan a representar la realidad, sino que “actuar
éticamente implica tomar la decisión correcta, tanto a nivel de elección
individual como a nivel de diseñar las arquitecturas de elección legales,
políticas y técnicas que enmarcan dicha elección” (Hildebrandt, 2020: p. 297). En
el VAR, más aún cuando es asistido por IA, las decisiones sobre cómo aplicar
una regla se cristalizan y se consideran aplicables de forma idéntica en
cualquier situación. La regla abierta se transforma así en una salida binaria: fuera
de juego/no fuera de juego.
Como resultado, se restringe el espacio de interpretación en
un deporte donde la creatividad de un jugador es un valor positivo y admirado,
y la aplicación de la regla se desplaza hacia un terreno tecnológico inaccesible
para la mayoría de los actores involucrados lo que produce un segundo efecto:
la propia autoridad del árbitro queda en cuestión. El árbitro humano valida o es
una pieza para la ejecución de una decisión que no tomó, mientras que la fuente
de dicha decisión se vuelve difusa: “me lo dijo el sistema, que aplica IA”.
La incorporación de IA transforma la forma en que se decide
al mismo tiempo que cambia la manera en que se justifica, se acepta o se
discute la decisión. La verdad del juego pasa de ser una mirada humana, con
errores humanos posibles, a un mero cálculo realizado por algoritmos, que no
solo fueron definidos por personas con la misma capacidad de cometer errores
que los jueces, sino que han creado un sistema cerrado a la comprensión de
aquellos sobre los que se aplica e inentendible para la mayor parte de quienes
ven su aplicación como terceros: los “hinchas” del equipo.
El resultado es que el VAR “nunca fue recibido de manera
acrítica por comentaristas, entrenadores o aficionados. Rápidamente surgieron
voces críticas, especialmente por la percepción de ineficacia del VAR y por su
capacidad para construir situaciones confusas” (Petersen-Wagner y Lee Ludvigsen,
2023:870). La opacidad propia del arbitraje no desaparece, solo cambia para
quedar mejor escondida.
Imagen, controversia y crisis de confianza
La final de la Copa del Mundo de 2022 entre Argentina y
Francia permite observar con nitidez los efectos de este nuevo régimen de
evidencia. Varios señalaron que antes de la sanción penal por mano de Gonzalo
Montiel había habido una mano del jugador Dayot Upamecano. Para sostener su
afirmación mostraban imágenes de video.
Lo que nos importa aquí es el modo en que el conflicto se
desplazó hacia la imagen que sustentaba la decisión: los argumentos a favor y
en contra se sostenían en videos de la jugada con distintos ángulos,
velocidades y recortes. La discusión era sobre qué imágenes eran las válidas,
cuáles habían utilizado en el VAR durante el partido y bajo qué criterios se
había construido la evidencia que hizo que no se llamara al juez para revisar
la jugada.
La controversia no fue sobre qué norma debía aplicarse, sino
sobre el proceso de elaboración de la prueba visual de lo que “realmente había
ocurrido”. Esto, lejos de cerrar la discusión, la mantiene activa en el tiempo,
la reabre en cada nueva toma o edición del video de la jugada y así, donde el
VAR prometía certeza y objetividad, resurge la muy humana divergencia de
opiniones sobre un mismo hecho frente a una evidencia podía ser contradictoria.
Este caso, que sobresale por tener lugar en el partido final
de la copa del mundo, no debe leerse como una reacción emocional excepcional,
sino como un síntoma epistémico. Muestra que la confianza no se apoya únicamente
en la visualidad y requiere respuestas sobre el control y las formas en que los
medios producen la evidencia que muestran. En la era del VAR y de la IA, la
imagen deja de ser el punto de llegada del debate para convertirse en una de
las principales fuentes de fricción.
La masificación de los deepfakes mediante la
aplicación de IA no ha hecho más que aumentar las dudas, ya que cambiar la
imagen que mostrará un VAR necesita mucha menos tecnología (y tempo de
realización) que crear un buen deepfake: quitar un frame,
desplazar milímetros una mano o una línea de offside… es posible en menos
tiempo de lo que demora un árbitro en ir a consultar la jugada al ser llamado.
Evidencia empírica y efectos no intencionados del VAR
Estudios empíricos sobre el VAR muestran que los avances en
precisión decisional coexisten con efectos no intencionados sobre la autoridad
en el campo de juego (Spitz et al., 2021; Zhang et al., 2022; Archibald et al.,
2025).
Spitz et al. (2021:147) nos
cuentan que “las probabilidades de que se tome la decisión correcta después de
una intervención del VAR fueron significativamente más altas que las de
mantener la decisión inicial del árbitro” y Zhang et al. (2022) observan
mejoras en decisiones clave en los mundiales femeninos.
Al mismo tiempo, estudios
cualitativos exponen efectos disciplinarios no deseados: un jugador
entrevistado señala que con el VAR ““siento que estoy siendo observado
constantemente [y] recuerdo que el árbitro me dijo que el VAR me estaba
observando” (Archibald et al., 2025:8), una conciencia de
observación permanente recuerda al panóptico foucaultiano, que induce “un
estado consciente y permanente de visibilidad que garantiza el funcionamiento
automático del poder” (Foucault, Vigilar y castigar:204).
Desde esta perspectiva, la mayor precisión se logra por la
presencia del “Gran Hermano” del campo de juego. El efecto tecnológico ya pesa
antes de que se inicie la acción de juego, reafirmando que la percepción,
incluso en los jugadores y en el propio árbitro, es más relevante que el aporte
tecnológico considerado de manera aislada.
Imagen, gobernanza y poder
El VAR opera como una autoridad capaz de definir qué ocurrió
en el campo de juego desde una posición institucional opaca. Como lo señalaba
Pielke aún antes de su implementación, “las organizaciones deportivas
internacionales se han desarrollado de tal manera que cuentan con mecanismos de
gobernanza menos desarrollados que muchos gobiernos, empresas y organizaciones
de la sociedad civil” (Transparency International, 2016:29). La asistencia
tecnológica remota a los árbitros es parte de esa arquitectura: tiene efectos
inmediatos, pero los criterios técnicos, protocolos operativos y parámetros que
estructuran la producción de evidencia no son transparentes: “Muchos algoritmos
de arbitraje deportivo son desarrollados por entidades privadas, y su
funcionamiento interno a menudo no se da a conocer” (Farajpour et al., 2025:1).
El problema se agrava porque la evidencia audiovisual
digital depende de procedimientos técnicos específicos para preservar su
integridad. La United Nations Office on Drugs and Crime advierte que “la
evidencia digital plantea desafíos únicos de autenticación debido a (…) su
fragilidad (es decir, puede ser manipulada, alterada o dañada fácilmente)” (UNODC, 2019), mientras que el Scientific
Working Group on Digital Evidence of the United States National Institute of
Standards and Technology (SWGDE) subraya la importancia de las cadenas de custodia
de la evidencia a las que presenta como “la documentación cronológica del
movimiento, la ubicación, la posesión y la disposición de la evidencia” para
afirmar luego que “mantener una cadena de custodia ininterrumpida es esencial
para asegurar la confiabilidad de la evidencia digital” (SWGDE, 2020:12).
Sin embargo, nada de esto forma parte del diseño del VAR ni se han establecido procedimientos
de auditoría externa sus sistemas ni del material que generan.
El verdadero poder del VAR deriva, en consecuencia, de su
posición institucionalmente protegida frente a la impugnación, lo que redefine
la relación entre decisión, responsabilidad y legitimidad.
El fútbol, por su visibilidad global y su densidad
simbólica, permite observar estas tensiones propias de la introducción de
tecnologías digitales en el gobierno de conductas humanas de manera
particularmente clara, lo que evidencia un problema que trasciende ampliamente
el deporte.
Conclusiones
La incorporación del VAR y de sistemas de inteligencia
artificial en el arbitraje implica, de hecho, una transformación más
profunda: cambia la forma en que se produce, se valida y se acepta la verdad
durante el partido.
El problema central, es cómo se construyó la evidencia que
sostiene a una decisión: hemos pretendido aquí demostrar que el VAR no opera
como un espejo neutral de lo ocurrido, sino como un dispositivo que produce
evidencia mediada a partir de elecciones previas de carácter normativo, técnico
y organizacional que rara vez son visibles o puestas en debate. La IA llega
para reforzar ese desplazamiento y aumentar las dudas sobre si lo que se está
viendo es lo que realmente ocurrió.
El núcleo del problema del VAR asociado a la IA es
institucional. El VAR funciona hoy como una autoridad capaz de influir en
decisiones críticas para un partido de fútbol, pero sin mecanismos que transparenten
sus procesos, naturalizados como tecnológico-objetivos cuando son fuertemente
humano-subjetivos.
A partir de este diagnóstico, pueden proponerse algunos criterios mínimos de gobernanza del VAR.
- En primer lugar, es necesario transparentar cómo se seleccionan, procesan y presentan las imágenes relevantes.
- Segundo, se deben establecer canales institucionales de auditoría independiente de sus sistemas y protocolos.
- Tercero, se debe garantizar la trazabilidad de la evidencia visual de forma tal que se le pueda dar seguimiento desde la captura hasta su archivo.
- Finalmente, debe aumentar la claridad sobre el rol de la asistencia técnica y sus límites, dejando claro que el VAR no elude, ni conseguirá eludir nunca, la subjetividad propia de la decisión humana con su consecuente responsabilidad.
El caso del VAR es un caso empírico denso y que otorga extrema
visibilidad a las tensiones propias de la toma de decisiones tecnológicamente
mediadas, porque en pocos espacios, si alguno, las decisiones se discuten tanto
como en el fútbol, donde pasión y razón no caminan de la mano.
Referencias
Archibald,
H.; Mascarenhas, D.R. y Cunningham, I. (2025). “VAR is watching you”:
Professional football players’ experiences and adaptations to VAR
implementation. Managing Sport and Leisure. https://doi.org/10.1080/23750472.2025.2553858
Bowker,
G.C. y Star, S.L. (1999). Sorting things out: Classification and its
consequences. MIT Press.
Collins, H.;
Evans, R. y Higgins, M. (2016). Bad call: Technology’s attack on referees
and umpires and how to fix it. MIT Press.
Farajpour,
R.; Amerinia, M.B. y Pourjavaheri, A. (2025). The Role of Artificial
Intelligence in Arbitration and Legal Challenges Arising from Automated
Decisions in Sports. AI and Tech, Behavioral and Social Sciences, 3(2),
21–28. https://doi.org/10.61838/kman.aitech.3.2.3
Fédération
Internationale de Football Association (FIFA). (2022). Semi-automated offside technology.
Component Testing Overview. https://digitalhub.fifa.com/m/ee666b445da4e29/original/SAOT-Component-Testing-Overview.pdf
Foucault, M. (2002). Vigilar y castigar: Nacimiento de la
prisión. Siglo XXI
Editores.
Hildebrandt,
M. (2020). Law for computer scientists and other folk. Oxford University
Press.
International
Football Association Board (IFAB). (s.f.). VAR protocol. https://www.theifab.com/es/laws/latest/video-assistant-referee-var-protocol/
Petersen-Wagner,
R. y Lee Ludvigsen, J.A. (2023). The video assistant referee (VAR) as
neo-coloniality of power? Fan negative reactions to VAR in the 2018 FIFA Men’s
World Cup, Sport in Society, (26)5, 869-883. Doi: 10.1080/17430437.2022.2070481
Scientific
Working Group on Digital Evidence (SWGDE). (2020). Best practices for
digital forensic video analysis. https://www.swgde.org/wp-content/uploads/2024/04/2024-03-22-SWGDE-Best-Practices-for-Digital-Forensic-Video-Analysis-18-V-001-1.1.pdf
Sontag, S.
(2003). Regarding the pain of others. Farrar, Straus, and Giroux.
Spitz, J.;
Wagemans, J.; Memmert, D.; Williams, A.M. y Helsen, W. F. (2021). Video
assistant referees (VAR): The impact of technology on decision making in
association football referees. Journal of Sports Sciences, 39(2),
147–153. https://doi.org/10.1080/02640414.2020.1809163
Transparency
International (2016). Global Corruption Report: Sport. https://files.transparencycdn.org/images/2016_GCRSport_EN.pdf
United
Nations Office on Drugs and Crime (UNODC). (2019). E4J university module
series: Cybercrime – Module 4: Digital Evidence. https://www.unodc.org/e4j/en/cybercrime/module-4/key-issues/digital-evidence.html
Zhang, Y.,
et al. (2022). The effect of the video assistant referee (VAR) on referees’
decisions at FIFA Women’s World Cups. Frontiers in Psychology, 13,
984367. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2022.984367
