El mapa de poder de la IA. #7: China

Del poder industrial a la soberanía algorítmica

Por Javier Surasky

Mapa digital de China con un chip de IA y elementos de infraestructura, industria, regulación, datos y soberanía algorítmica.

China ocupa un lugar central en el mapa de poder de la inteligencia artificial.

Pretender explicar su relevancia por la cantidad de empresas, modelos, laboratorios, datos, publicaciones o patentes que produce es un error, ya que la clave de su posición está en la forma en que organiza su desarrollo tecnológico, haciendo de la IA una política de Estado que incluye infraestructura, uso en la administración pública, motor de consumo y herramienta de posicionamiento geopolítico.

A diferencia del modelo estadounidense que vimos anteriormente, enfocado en dar libertad a grandes empresas privadas, capital de riesgo y semiconductores avanzados, China utiliza las capacidades del Estado mediante estrategias de planificación sistémica para integrar la IA en la economía real: manufactura, salud, educación, logística, comercio, telecomunicaciones, servicios públicos, hogares inteligentes, robótica humanoide y gobierno digital.

El punto de partida de esa estrategia fue el New Generation Artificial Intelligence Development Plan, de 2017, que fijó metas para 2030 y planteó el objetivo de hacer del país un centro mundial de innovación en IA. Para 2025 esa estrategia ingresaba en una nueva fase más orientada a organizar una economía inteligente en la que la IA atraviese sectores productivos, mercados de consumo y estructuras estatales, tal como se refleja en la iniciativa “AI Plus”, en su versión más ambiciosa adoptada por el Consejo de Estado en agosto de 2025, orientada a transformar los paradigmas de producción y de vida social y acelerar la formación de una economía y una sociedad inteligentes.

En 2026, en un nuevo paso, se anunció la expansión de AI Plus para abarcar también la promoción de terminales inteligentes de nueva generación, agentes de IA, aplicaciones comerciales a gran escala y ecosistemas de código abierto.

Lo que nos dice este proceso es que China está pensando la IA como una infraestructura de despliegue: modelos, dispositivos, redes, centros de datos, energía, aplicaciones verticales, estándares, financiamiento y adopción masiva, excediendo en mucho la visión puramente técnica, lo que se condice con 17 medidas anunciadas en junio de 2026 por el Ministerio de Comercio para integrar IA en bienes y servicios de consumo.

En términos de poder, la estrategia china desplaza la IA desde el plano de la competencia entre modelos hacia el de la vida diaria y la reorganización de la producción y el consumo.

La fortaleza china está apoyada por su escala: el país reúne una enorme base de usuarios, grandes plataformas digitales, gobiernos locales con capacidad de implementación, universidades, institutos públicos, empresas tecnológicas, cadenas industriales densas y una política pública orientada a convertir la IA en productividad con el desarrollo de startups, algunas de las cuales han devenido en empresas líderes como Alibaba, Tencent, Baidu y DeepSeek.

El AI Index Report 2026 de Stanford HAI indica que China ya se ha convertido en líder mundial en volumen de publicaciones, citas, patentes de IA e instalaciones de robots industriales y que la brecha de desempeño entre modelos estadounidenses y chinos se reduce rápidamente: en marzo de 2026 el modelo líder de Anthropic aventajaba a Deep Seek apenas el 2,7%.

DeepSeek expresa, mejor que ningún otro caso, una dimensión clave del poder chino en IA: la búsqueda de eficiencia bajo restricciones. Las limitaciones impuestas por Estados Unidos al acceso chino a semiconductores avanzados cambiaron sus condiciones, lo que movió al país asiático a optimizar sus propias arquitecturas, entrenamiento, costos y uso de hardware. La presión externa funcionó, paradójicamente, como incentivo para fortalecer capacidades nacionales en IA.

No obstante, el punto débil de China sigue estando en su infraestructura computacional, especialmente porque los controles de exportación estadounidenses sobre chips avanzados y tecnologías relacionadas impactan directamente la posibilidad de entrenar y desplegar modelos de frontera, frente a lo que , en enero de 2025, China estableció su National Artificial Intelligence Industry Investment Fund, con capital registrado de más de 8.000 millones de dólares, orientado a acelerar inversiones estratégicas en infraestructura, tecnologías de punta y capacidades nacionales de IA.

A partir de estos datos, podemos afirmar que la competencia entre China y Estados Unidos se ha desplazado hacia las condiciones materiales de posibilidad de la IA.

El código abierto es otra pieza de la arquitectura que impulsa China, que en su plan de 2026 incluyó explícitamente el apoyo a comunidades de IA de código abierto, un nuevo desafío a la geopolítica de la IA que propone Estados Unidos, ya que los modelos abiertos chinos pueden funcionar como una herramienta de influencia al ser más accesibles para desarrolladores, empresas medianas, universidades y países con menor capacidad de cómputo.

No menos importante para entender el lugar de China en el mapa de la IA es su capacidad de regulación: fue uno de los primeros países en adoptar reglas específicas para la IA generativa mediante las Interim Measures for the Management of Generative Artificial Intelligence Services, vigentes desde 2023, que establecen obligaciones aprestadores de servicios de IA generativa ofrecida al público en China en materias como seguridad, contenidos, protección de datos y alineamiento a los valores definidos por el Estado como guía.

En 2025, esa arquitectura regulatoria avanzó sobre la trazabilidad del contenido sintético con la adopción de medidas sobre etiquetado de contenido generado por IA, que exigen etiquetas explícitas e implícitas, incluyendo marcas visibles y metadatos, para identificar contenidos generados o sintetizados mediante IA.

Esto muestra que en China la gobernanza de la IA se integra dentro de una concepción amplia de seguridad nacional, que incluye estabilidad social, soberanía informacional y control político del entorno digital que actúan como límites a la innovación definidos por el Estado.

También en 2025, la Administración del Ciberespacio de China y la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma emitieron directrices para expandir el uso de grandes modelos de IA en asuntos gubernamentales, una dimensión fundamental para entender el modelo chino donde la IA no se entiende como producto comercial sino como herramienta de gobierno, útil tanto para mejorar servicios a la población como para fortalecer las capacidades estatales de vigilancia, clasificación social y control informacional y gestión centralizada, una de las tensiones en el uso de la IA en China que explotan sus críticos.

China también pretende presentarse como promotora de una gobernanza global de la IA más inclusiva y sensible a las necesidades del Sur Global: durante la World Artificial Intelligence Conference de Shanghái de 2025 se publicó el Global AI Governance Action Plan, que tiene entre sus líneas de trabajo la promoción de la cooperación internacional en el desarrollo de infraestructura, estándares, seguridad, datos, sostenibilidad, código abierto, fortalecimiento de capacidades, a la vez que apoya un mayor protagonismo de Naciones Unidas en el desarrollo de una gobernanza global de la IA.

Esta narrativa vuelve a mostrar la apertura china a confrontar con Estados Unidos en el plano geopolítico: frente a un orden tecnológico centrado en grandes empresas estadounidenses y condicionado por controles de exportación, Beijing impulsa un lenguaje de soberanía digital, desarrollo, cooperación, apertura e inclusión, aun cuando las tensiones entre su discurso y su práctica sean evidentes en materia de vigilancia, censura o derechos.

La posición de China es, en consecuencia, la de una potencia innovadora y reguladora, que impulsa apertura, código abierto y cooperación internacional, pero que mantiene fronteras adentro un fuerte control.

Datos básicos

  • China cuenta desde 2017 con el New Generation Artificial Intelligence Development Plan, una estrategia nacional que fijó metas hacia 2030 para convertir al país en un centro mundial de innovación en IA.
  • En julio de 2025, China impulsó el Global AI Governance Action Plan, con énfasis en cooperación internacional, infraestructura, estándares, seguridad, desarrollo inclusivo, sostenibilidad, código abierto y rol de Naciones Unidas.
  • En agosto de 2025, el Consejo de Estado profundizó la iniciativa mediante AI Plus, orientada a integrar la IA en sectores económicos y sociales clave., y en 2026el gobierno chino anunció una nueva expansión de AI Plus para incorporar la promoción de agentes de IA, terminales inteligentes, aplicaciones comerciales a gran escala y comunidades de código abierto.
  • El país se ha dotado de un National Artificial Intelligence Industry Investment Fund con capital registrado de cerca de 8.200 millones de dólares.
  • El AI Index Report 2026 de Stanford HAI muestra que China ya es líder en volumen de publicaciones, citas, patentes de IA, así como de instalaciones de robots industriales.
  • Desde el 1º de septiembre de 2025, China tiene legislación vigente sobre etiquetado de contenido generado por IA, y en octubre de ese mismo año el país emitió directrices para expandir el uso de grandes modelos de IA en asuntos gubernamentales.
  • Reuters informó, en junio de 2026, que Deep Seek que habría cerrado una ronda de inversiones por un monto superior a 50.000 millones de dólares.
  • El Ministerio de Comercio de China adoptó 17 medidas para integrar IA en bienes y servicios de consumo, incluyendo electrónica inteligente, hogares, servicios públicos y robots humanoides.
  • La principal vulnerabilidad estratégica china está en el acceso a semiconductores avanzados, equipos de fabricación y capacidad de cómputo de frontera, y su principal fortaleza en su mercado interno y en su capacidad de definir estrategias de largo plazo y entrelazadas de política industrial, financiamiento estatal, regulación, infraestructura, empresas, datos, estándares, consumo y diplomacia tecnológica.