Deepfakes y confianza digital: cuando ver ya no alcanza

Por Javier Surasky

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Videollamada corporativa con analistas asiáticos, rostro digital de IA, alerta de fraude y símbolos de posibles deepfakes

Una empleada de una empresa en Hong Kong participó en una videollamada con quienes parecían ser sus superiores. Reconoció rostros, escuchó instrucciones y recibió órdenes urgentes para realizar transferencias. Poco después, la empresa descubrió que esos directivos nunca habían estado allí: eran deepfakes generados con inteligencia artificial. La pérdida rondó los 25 millones de dólares estadounidenses (The Guardian, 2024).

La escena resume el problema: la imagen, la voz y la presencia digital ya pueden fabricarse con un nivel de realismo suficiente para engañar a personas e instituciones. Un deepfake, palabra que combina deep learning (aprendizaje profundo) y fake (falso), es "un archivo de video, audio o imagen ficticios que imitan de forma realista la apariencia, la voz o los gestos de alguien usando inteligencia artificial" (INCIBE, 2024), lo que nos obliga a revisar un supuesto biológico fundamental: aquello que vemos y escuchamos, cuando no nos sumergimos intencionalmente en el mundo de la fantasía (cine, teatro, TV), es real.

Deepfakes: tres frentes de una amenaza real

La expansión de la IA generativa aceleró la presencia de deepfakes poniendo al alcance de un número cada vez mayor de personas herramientas cada vez más accesibles y de costos decrecientes capaces de generarlas.

El riesgo de las deepfakes se manifiesta con fuerza en el fraude y la ciberseguridad, mediante acciones como estafas de identidad, vishing, engaños por voz y suplantación de ejecutivos: según el Voice Intelligence and Security Report 2025, "los intentos de fraude deepfake aumentaron más de 1.300% en 2024 comparado con 2023" (Pindrop, 2025, p.3), ataques que se sostienen en una lógica que combina el realismo técnico con la presión psicológica y la generación de acción “urgente”.

No menos importante, sin embargo, es el riesgo que los “engaños profundos” producen al generar desinformación política: en enero de 2024, en New Hampshire, circuló una llamada automatizada con la voz de Joe Biden para desincentivar el voto, lo que costó una multa de seis millones de dólares al consultor responsable (Reuters, 2024a), mientras que en Eslovaquia, a dos días de las elecciones de 2023, "Un audio falso de 40 segundos que mostraba a un miembro del partido Progressive Slovakia supuestamente hablando de compra de votos circuló durante el silencio electoral, un momento donde desmentir el contenido es casi imposible" (Wired, 2023).

También hay un espacio de alto riesgo en referencia a daños personales y reputacionales, espacio donde se verifica, además, un fuerte sesgo de género, como lo indica el Stimson Center

El abuso basado en imágenes constituye una de las manifestaciones más alarmantes del daño provocado por la IA. Los avances en la IA generativa han reducido drásticamente las barreras para producir imágenes y videos deepfake hiperrealistas, en particular contenido pornográfico no consensuado. Estudios recientes estiman que el 98% de todo el contenido deepfake en línea es no consensuado y pornográfico, y que el 99% de las personas representadas son mujeres (Mingeirou, Osman, & Rafin, 2026).

A eso debe sumarse que no es necesaria gran pericia en el desarrollo de deepfakes, porque una falsificación es capaz de causar un daño profundo incluso si presenta imperfecciones técnicas evidentes, ya que basta con que circule en el entorno de la víctima, o en una situación social sensible, para activar dudas persistentes y difíciles de disipar.

La crisis de la autenticidad

La amenaza más profunda de los deepfakes está en el debilitamientode la confianza en lo verdadero: una persona a la que se le atribuye una conducta real ahora puede alegar que el material fue manipulado, incluso cuando no lo sea, planteando una estrategia de evasión táctica y reacomodamiento (Dodge-and-Weave), fenómeno que se conoce como “dividendo del mentiroso” (Schiff, Schiff y Bueno, 2025, p. 71), que Nina Schick resume cuando afirma que, en nuestro tiempo, “cualquiera puede ser blanco de ataques, y todos pueden negarlo todo.” (Schick, 2020, p. 8).

Cómo protegernos: de la reacción a los protocolos

Durante mucho tiempo, los manuales de verificación en internet aconsejaban prestar atención a detalles físicos: movimientos de labios desincronizados, parpadeos extraños, iluminación irregular o entonaciones poco naturales, pero el avance de la tecnología ha dejado esos consejos obsoletos, haciendo que la detección a simple vista sea prácticamente imposible en los casos de deepfakes mejor construidos La única defensa real, aunque no total, hoy está en la verificación de contexto

¿Qué entender por “verificación de contexto”? Algo tan básico como que la pregunta sobre la veracidad ya no debe ser si el video/imagen/audio parece real, sino cuál es su origen.

La detección de deepfakes no puede realizarse sobre la base de una única capacidad, humana o técnica. Pehlivanoglu et al. (2026) encontraron que los algoritmos de aprendizaje automático clasifican con mayor precisión imágenes estáticas, mientras que los humanos obtienen mejores resultados frente a videos dinámicos, y mostraron que el pensamiento analítico y las habilidades digitales se asocian con una mejor detección humana de videos deepfake.

¿Resultado? Es indispensable combinar verificación contextual con alfabetización digital y uso de herramientas técnicas, en lugar de confiar en la percepción individual o en sistemas automatizados.

Más aún, para ser más efectiva, la protección frente a deepfakes requiere la intervención de tres niveles:

El individual y procedimental: la pauta aquí es desacelerar antes de actuar, confirmar el origen y buscar fuentes alternativas antes de reaccionar a un estímulo de urgencia o indignación.

El corporativo-industrial: que incluye la implementación de protocolos donde la voz o la videollamada no basten como registro para realizar operaciones críticas, creando esquemas de doble confirmación, canales independientes y controles escalonados.

Un ejemplo de buena práctica es el avance en la aplicación del estándar criptográfico C2PA, que busca certificar la procedencia y autenticidad de los archivos desde el momento de su captura en la cámara, por parte de la industria tecnológica. Este estándar permite incluir en fotos, videos, audios y documentos una credencial digital verificable que informa sobre su origen y modificaciones, por lo que no nos dice si algo es verdadero o falso, pero ayuda a saber de dónde viene, si se trata de contenido editado y si la información que acompaña al archivo ha sido alterada en algún momento.

Queremos ser muy claros en este punto: si bien la aplicación del estándar C2PA es útil y contribuye a identificar contenidos generados mediante edición, funciona más como una herramienta de transparencia que como certificación de que el contenido sea real.

El estatal: los países están reaccionando a las deepfakes creando marcos regulatorios que siguen diferentes enfoques: la Ley de Inteligencia Artificial de la Unión Europea obliga a etiquetar contenido sintético bajo amenaza de sanciones para las plataformas, mientras que Corea del Sur opta por la vía punitiva estricta, castigando con penas de prisión efectiva la creación y distribución de deepfakes explícitos o maliciosos.

No existen, fuera de esas dos, leyes generales sobre IA en ningún otro país del mundo, aunque sí sectoriales o específicas, como es el caso de Brasil. que prohibió el uso de IA para desinformar en campañas electorales (Reuters, 2024b)

Ver para creer: una regla obsoleta

La IA generativa hace cada vez más difícil saber qué es real.

Durante décadas, la imagen y la voz funcionaron como pruebas contundentes de la realidad, pero “ver y escuchar ya no es creer” (Schick, 2020, p. 26).

Hoy, la confianza digital debe construirse mediante la trazabilidad y la corroboración, y exige la colaboración entre actores involucrados, niveles básicos de alfabetización digital entre las personas, e inversión de tiempo y esfuerzo, porque verificar deja de ser una práctica excepcional o reservada a ciertas profesiones para convertirse en una competencia de comprensión básica.

En la era de las deepfakes, la desconfianza ya no es paranoia sino un último refugio para defender la realidad: la tecnología, que antes nos llamaba a ampliar nuestra capacidad de imaginación, hoy nos obliga a dudar de nuestros propios ojos y oídos.

Referencias

INCIBE. (2024). Deepfakes. Instituto Nacional de Ciberseguridad. https://www.incibe.es/aprendeciberseguridad/deepfakes

Mingeirou, K., Osman, Y., & Rafin, R. (2026). The impact of artificial intelligence on violence against women and girls. Stimson Center. https://www.stimson.org/2026/the-impact-of-artificial-intelligence-on-violence-against-women-and-girls

Pehlivanoglu, D., Zhu, M., Zhen, J., Gagnon-Roberge, A. A., Kern, R. K., Woodard, D., Cahill, B. S., & Ebner, N. C. (2026). Is this real? Susceptibility to deepfakes in machines and humans. Cognitive Research: Principles and Implications, 11, article number 3. https://doi.org/10.1186/s41235-025-00700-y

Pindrop. (2025). 2025 Voice Intelligence and Security Report. Pindrop Security. https://www.pindrop.com/resources/reports/2025-voice-intelligence-security-report

Reuters. (2024a, 26 de septiembre). Consultant fined $6 million for using AI to fake Biden's voice in robocalls. https://www.reuters.com/world/us/fcc-finalizes-6-million-fine-over-ai-generated-biden-robocalls-2024-09-26/

Reuters. (2024b, 29 de febrero). Brazil Justice Moraes warns political candidates not to use AI against opponents. https://www.reuters.com/world/americas/brazil-justice-moraes-warns-political-candidates-not-use-ai-against-opponents-2024-02-29/

Schick, N. (2020). Deepfakes: The coming infocalypse. Twelve.

Schiff, K., Schiff, D. y Bueno, N. (2025). The Liar’s Dividend: Can Politicians Claim Misinformation to Evade Accountability? American Political Science Review, 119(1): 71-90. https://www.cambridge.org/core/services/aop-cambridge-core/content/view/687FEE54DBD7ED0C96D72B26606AA073/S0003055423001454a.pdf/the-liars-dividend-can-politicians-claim-misinformation-to-evade-accountability.pdf

The Guardian. (2024, 5 de febrero). Company worker in Hong Kong pays out £20m in deepfake video call scam. https://www.theguardian.com/world/2024/feb/05/hong-kong-company-deepfake-video-conference-call-scam

Wired. (2023, 3 de octubre). Slovakia's Election Deepfakes Show AI Is a Danger to Democracy. https://www.wired.com/story/slovakias-election-deepfakes-show-ai-is-a-danger-to-democracy/