La carrera por la IA va a las urnas: ¿quién paga la infraestructura?

Por Javier Surasky

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Complejo de centros de datos cerca del Capitolio de Estados Unidos con líneas eléctricas, infraestructura hídrica e íconos de ambiente, energía, dinero y comunidades.

Los centros de datos entran en el debate electoral estadounidense y sostengo que es una muestra de una realidad que, más temprano que tarde, veremos expuesta en otros lugares, porque detrás de las disputas por electricidad, agua y territorio aparece una pregunta que trasciende a Estados Unidos: ¿Quién decide qué costos deben asumir las comunidades para sostener la competencia tecnológica mundial?

La carrera por la inteligencia artificial finalmente instaló un debate que impacta directamente en el bolsillo de las personas: ¿Quién paga la cuenta por mantenerse en competencia?

En Estados Unidos, esa pregunta llegó a las urnas y, según el relevamiento publicado por Ballotpedia en septiembre de 2026, 34 iniciativas locales relacionadas con centros de datos se someterán a votación el 3 de noviembre, junto a las elecciones estadounidenses de medio término, lo que representa una parte de las 38 medidas identificadas para todo 2026, veinte de ellas situadas en Ohio, que incluyen prohibiciones, moratorias y decisiones sobre usos del suelo.

Aunque no todas las consultas de noviembre sobre centros de datos serán vinculantes, comparten la apertura del espacio electoral para decidir sobre esta infraestructura de IA.

El 4 de octubre, Donald Trump estuvo en Ohio, y defendió los centros de datos durante un acto de campaña vinculando las inversiones necesarias con la competencia frente a China, explicando que rechazarlas podía favorecer a su principal competidor, con lo que buscó llevar una disputa local al lenguaje de la rivalidad entre grandes potencias (Associated Press, 2026).

Para una comunidad que discute qué ocurrirá con sus recursos, su territorio o su factura eléctrica, el argumento de Trump se convierte en una afirmación de que las comunidades locales deberían comprometerse con la carrera tecnológica mundial, incluso acompañando decisiones que se toman sin su participación por quienes construyen la infraestructura de la IA.

El futuro digital necesita un lugar donde instalarse

Ya hemos señalado en entradas anteriores que la expansión de la IA depende de instalaciones físicas conectadas con sistemas eléctricos y asentadas en territorios concretos, que la "nube" es muy concreta y que convive con otros usuarios a los que les disputa los recursos que consume.

En esa línea, Young (2026) propone entender los centros de datos como infraestructura crítica situada en la intersección entre intereses públicos y privados, ya que, aunque son activos de propiedad y gestión privada, sus demandas de electricidad, agua y suelo producen efectos localizados sobre poblaciones e instituciones públicas específicas.

El agua forma parte de ese problema: según el diseño de las instalaciones y las condiciones locales, los centros de datos pueden añadir presión sobre recursos hídricos ya disputados y, aunque no todos los proyectos tienen el mismo perfil de consumo, todos la necesitan en grandes cantidades.

Ahora bien, los centros de datos sostienen muchos servicios digitales, además de la IA, y presentar cualquier conflicto sobre ellos como una protesta contra la inteligencia artificial es engañoso, pero sin dudas el crecimiento de la IA representa una presión relevante: la Agencia Internacional de la Energía estima que el consumo eléctrico de los centros de datos aumentó un 17% en 2025 y, en los centros de datos exclusivamente dedicados a la IA, el incremento llegó al 50% (International Energy Agency, 2026).

Esa diferencia de escalas ayuda a entender el conflicto, porque una inversión puede presentarse como un beneficio para la economía nacional, mientras sus efectos más inmediatos se concentran en una localidad que soporta el peso material, y se transforma en el escenario donde confluyen promesas de liderazgo tecnológico y tensiones sobre la disponibilidad de recursos.

Preguntar quién paga no es rechazar el desarrollo tecnológico, como tampoco lo es enfrentarse a la instalación de un centro de datos, sino una forma de aproximarnos a la forma en que se distribuyen sus beneficios, obligaciones y riesgos, sobre acceso a información adecuada, capacidad regulatoria y autoridad para negociar. Volvemos con esto a Young (2026), quien identifica las asimetrías de información, la fragmentación institucional y las diferencias de capacidad técnica entre desarrolladores y gobiernos locales como parte del problema de gobernanza.

Así visto, la disputa es tanto por los recursos que consume la infraestructura como por la capacidad de gobiernos y comunidades para negociar las condiciones bajo las cuales esa infraestructura se instala.

La factura depende de decisiones políticas

La Agencia Internacional de la Energía ([International Energy Agency], 2026) señala que no necesariamente la instalación de un centro de datos aumenta la tarifa energética de los hogares, ya que intervienen otras variables como el sistema eléctrico y las políticas adoptadas: donde hay capacidad energética excedente, una demanda adicional puede aprovechar mejor la infraestructura, pero donde la oferta está ajustada, puede exigir nuevas inversiones y despertar rispideces por la distribución de un bien escaso.

Ohio ofrece un ejemplo claro de ello: en julio de 2025, la Comisión de Servicios Públicos del estado ordenó a AEP Ohio, empresa eléctrica que abastece a buena parte de su territorio, establecer tarifas específicas para los centros de datos tras identificar el riesgo de que las inversiones necesarias para atender la enorme demanda eléctrica prevista por estas instalaciones quedaran subutilizadas y que sus costos terminaran trasladándose a los usuarios locales, por lo que apuntaban a que fueran los grandes centros quienes asumieran una parte mayor del riesgo económico asociado con la infraestructura necesaria para abastecerlos (Public Utilities Commission of Ohio, 2025).

Literatura reciente sugiere que las condiciones de financiamiento pueden afectar la legitimidad social de los proyectos: un estudio experimental realizado en Alemania, Heering y Voeten (2026) halló que aquellos que implicaban aumentos importantes del precio local de la electricidad recibían menor apoyo, al igual que aquellos que ejercían una presión elevada sobre el suministro de agua. Si bien esos resultados no pueden generalizarse, no hay evidencia disponible para tal cosa, aportan una demostración de que, para las comunidades, el balance entre beneficios tecnológicos y costos locales no es una cuestión abstracta.

Cuando una disputa global divide el territorio

Las comunidades que conviven en un territorio son actores heterogéneos, y la instalación de una infraestructura de gran escala puede beneficiar a algunos sectores, imponer costos a otros y abrir disputas internas sobre qué modelo de desarrollo conviene adoptar.

Clinton, una ciudad del estado de Iowa, ofrece un ejemplo claro: la empresa QTS proyecta allí un campus de centros de datos a hiperescala cuya inversión podría alcanzar los USD 10.000 millones y está acompañada por una organización local, Grow Clinton, que ve esa inversión como una oportunidad para el crecimiento, pero un grupo de residentes que participaron del proceso de elaboración de la normativa municipal reclamaron controles más estrictos sobre agua, ruido, calidad del aire y monitoreo ambiental antes de avanzar (Billingham, 2026).

Ese conflicto no enfrenta a una empresa externa con una localidad, sino a vecinos contra vecinos, transformando la pregunta sobre quién paga las facturas energética e hídrica e la de quién puede definir el límite de lo aceptable para la comunidad.

Ashville, en Ohio, muestra una cara diferente del problema. Allí, el gobierno municipal había avanzado en un acuerdo de cooperación para facilitar la construcción de dos centros de datos y una central eléctrica a gas natural, pero un grupo de residentes reunió firmas para someter la decisión a referéndum, una petición que la municipalidad se negó a certificar, lo que hizo que la controversia llegara hasta la Suprema Corte de Ohio, que ordenó remitirla a la junta electoral para permitir la votación (Trevas, 2026). En este segundo caso, lo que emerge es la disputa por quién tiene autoridad para decidir una transformación territorial de gran escala.

Loudoun County, Virginia, agrega una tercera dimensión: después de décadas de expansión de los centros de datos, el tema comenzó a dividir a la dirigencia política local al punto de que dos referentes demócratas adoptaron posiciones diferentes frente a nuevas instalaciones: una impulsó restricciones al crecimiento, mientras otra defendió el aporte fiscal de la industria, y la oposición vecinal a nuevas instalaciones produjo alianzas que atravesaron las preferencia partidarias tradicionales (Neuman, 2026).

Los tres casos son expresiones diferentes de una misma realidad: Clinton muestra una disputa por la distribución local de costos y beneficios; Ashville, una controversia sobre participación y autoridad política; Loudoun, una reconfiguración de alineamientos partidarios y sociales.

Eso es suficiente para reafirmar que las grandes infraestructuras digitales no aterrizan sobre territorios pasivos y pueden disparar debates sobre desarrollo, representación y justicia distributiva, crear nuevas coaliciones y volver conflictivas decisiones que antes eran tenidas por "meramente administrativas"

Geopolítica en el municipio

La defensa de Trump expone una tensión adicional: la competencia internacional puede utilizarse como argumento para acelerar decisiones territoriales, algo que merece ser discutido.

Reconocer el valor estratégico de la capacidad de cómputo no resuelve qué proyecto conviene aprobar ni bajo qué condiciones, y tampoco determina cómo debe dividirse el peso de creación de esa capacidad entre las personas y comunidades, ni qué garantías merecen quienes viven cerca de un nuevo centro de datos por construir.

Heering y Voeten (2026) encontraron que, entre los participantes de su estudio en Alemania, enfatizar explícitamente la soberanía digital produjo solo un aumento marginal del apoyo general a la construcción de centros de datos, mientras que la identidad del operador tuvo un efecto mayor: los participantes mostraron preferencias por operadores alemanes o europeos frente a empresas estadounidenses o chinas. La soberanía, por lo tanto, importa.

El argumento ensayado por Trump en Ohio y los trabajos de Heering y Voeten muestran cómo la geopolítica de la IA puede ser un elemento central de una política distributiva doméstica, y viceversa.

Desde Global Radar, esto invita a ampliar la mirada sobre el poder de la IA para incorporar al tablero una pieza que represente la capacidad institucional de acordar dónde se instala la infraestructura y bajo qué reglas.

La aceptación social no depende necesariamente de estar a favor o en contra de la expansión tecnológica, sino de elementos más tangibles para los ciudadanos, como costos financieros que deberán asumir, potenciales beneficios, riesgos ambientales, contaminación sonora, y varios etcétera que se integran en una lista que cambia de lugar a lugar.

¿Un freno a la carrera o una disputa por sus condiciones?

No puedo afirmar que la resistencia electoral detenga el crecimiento. Más aún, Reuters (2026) informó el 5 de octubre que Goldman Sachs considera limitado su impacto inmediato y mantiene una perspectiva de fuerte expansión de los centros de datos estadounidenses hasta 2027.

No obstante, las votaciones permitirán observar algo más preciso: en qué lugares existe oposición suficiente para cambiar decisiones y qué condiciones reclaman los votantes y si los gobiernos pueden compatibilizar sus ambiciones tecnológicas con compromisos aceptables para los territorios que deben alojar la infraestructura.

Las urnas no plantean una disyuntiva entre desarrollo tecnológico y rechazo a la infraestructura, sino una disputa sobre las reglas de ese desarrollo: planificación, transparencia, distribución de costos, uso de recursos, transparencia y capacidad de participación local en la toma de decisiones.

Para los países que buscan atraer infraestructura digital, el caso plantea una variable a la que deben estar atentos: alojar capacidad de cómputo puede abrir oportunidades, pero también puede ser origen de conflictividad social. El monto anunciado de una inversión no contempla esa evaluación.

En las urnas estadounidenses empieza a discutirse quién tiene autoridad para fijar las condiciones, quién participa en esa decisión y cómo se distribuyen los costos de una infraestructura presentada como necesaria para competir a escala mundial.

Ganar posiciones frente a un rival internacional puede ser una meta de gobierno, pero no necesariamente está entre las prioridades de las comunidades que deben dar base territorial y proveer de recursos para el funcionamiento a la infraestructura necesaria para estar a la cabeza de la competencia.

Referencias

Associated Press. (2026, 4 de octubre). Trump defends data centers in Ohio as he rallies to boost Jon Husted in a tight Senate race. https://apnews.com/article/a86aad6b19d4afb2c505b902171ebd8e

Ballotpedia. (2026, 21 de septiembre). Ohio leads states in number of local ballot measures on data centers for 2026. https://news.ballotpedia.org/2026/09/21/ohio-leads-states-in-number-of-local-ballot-measures-on-data-centers-for-2026/

Billingham, E. (2026, 16 de julio). Clinton residents request steep restrictions in the face of QTS hyperscale data center. Iowa Public Radio. https://www.iowapublicradio.org/ipr-news/2026-07-16/clinton-qts-hyperscale-data-center

Heering, J., & Voeten, E. (2026). How sovereign control, decarbonization and energy costs shape public support for data centers. Nature Communications, 17, 9576. https://doi.org/10.1038/s41467-026-76500-9

International Energy Agency. (2026). Key questions on energy and AI: Executive summary. https://www.iea.org/reports/key-questions-on-energy-and-ai/executive-summary

Neuman, S. (2026, 21 de septiembre). The data center backlash is reshaping American politics—one community at a time. NPR. https://www.opb.org/article/2026/09/21/data-center-backlash/

Public Utilities Commission of Ohio. (2025, 9 de julio). PUCO orders AEP Ohio to create data center specific tariff. https://content.govdelivery.com/accounts/OHPUC/bulletins/3e8bb79

Reuters. (2026, 5 de octubre). Goldman sees US data center growth intact despite opposition. https://www.reuters.com/business/goldman-sees-us-data-center-growth-intact-despite-opposition-2026-10-05/

Trevas, D. (2026, 7 de agosto). Village must submit data center referendum to county board of elections. Court News Ohio. https://www.courtnewsohio.gov/cases/2026/SCO/0807/260906.asp

Young, C. (2026). Clouds on the horizon: An integrative review of data centers and local governance in the United States. Oxford Open Energy, 5, oiag006. https://doi.org/10.1093/ooenergy/oiag006