Sexto straw poll de la ONU: la votación toma color de desaliento

Por Javier Surasky

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Siete candidaturas frente a cinco barreras que simbolizan los desalientos de los miembros permanentes en el sexto straw poll de la ONU.

El quinto straw poll nos había dejado frente a una competencia crecientemente desalineada y desorientada: caían los apoyos, aumentaban fuertemente los desalientos y se reducía el espacio ocupado por quienes todavía no expresaban una posición, resultado que me llevó a preguntarme si el deterioro del campo comenzaba a generar condiciones favorables para la entrada de latecomers o dark horses.

Nueve días después, el sexto straw poll, realizado el 16 de octubre, introduce en el proceso el uso de papeletas de colores para distinguir los 10 votos de los miembros no permanentes de los cinco permanentes, sin permitir identificar qué país emitió cada voto.

Desde el primer al quinto straw poll intenté lidiar con la incertidumbre sobre el origen de los votos mediante un indicador combinatorio que permitía estimar la posibilidad de que ninguno de los desalientos proviniera de un P5. Ese recurso ya no hace falta para esta ronda, pero sí puedo afirmar que sus resultados fueron consistentes al no generar falsos indicios de seguridad respecto de ninguna candidatura y discutir la lógica del simple conteo de votos afirmativos como medida de posibilidad de elección.

La introducción de las papeletas de colores muestra que las siete candidaturas en competencia reciben votos de desaliento de miembros permanentes, en otras palabras, todas enfrentan potenciales vetos.

Pero vamos por partes, porque hay mucho para analizar.

Los resultados

La nueva ronda de votación arrojó el siguiente resultado

La selección de la persona que ocupará la Secretaría General responde a dos lógicas simultáneas. Una candidatura necesita reunir al menos nueve votos en el Consejo de Seguridad y, además, evitar el voto negativo de cualquiera de sus cinco miembros permanentes.

La primera condición siempre fue observable en los straw polls. La segunda permanecía oculta.

Ahora podemos ver ambas.

Candidatura A
(NP10)
D
(NP10)
S
(NP10)
A
(P5)
D
(P5)
S
(P5)
Rebeca Grynspan 6 3 1 3 2 0
Carolyn Rodrigues-Birkett 5 4 1 3 2 0
Rafael Grossi 6 4 0 2 2 1
Macky Sall 3 7 0 2 3 0
Olara Otunnu 3 7 0 1 3 1
María Fernanda Espinosa Garcés 2 6 2 1 3 1
Ivonne A-Baki 1 9 0 0 5 0

Nota: A = Aliento; D = Desaliento; S = Sin opinión
NP10 = 10 miembros no permanentes del CS; 5p = 5 miembros permanentes del CS
Fuente: 1 for 8 billion

El primer hallazgo es evidente: todas las candidaturas enfrentan desalientos de miembros permanentes, y para el caso de quienes mostraban mayor cantidad de votos positivos; Grynspan, Rodrigues-Birkett y Grossi; reciben dos votos de desaliento de miembros permanentes. Sall, Otunnu y Espinosa reciben tres y A-Baki cinco.

Hasta ayer nos preguntábamos si detrás de los desalientos que acumulaban las principales candidaturas había votos de miembros permanentes que, de mantenerse en una votación formal, podrían bloquearlas. Hoy ya tenemos más claridad, lo que deja a quienes se disputan el cargo en situaciones más claramente identificables.

Grynspan: nueve votos y dos obstáculos

Rebeca Grynspan continúa encabezando la competencia. Mantiene nueve alientos, reduce sus desalientos de seis a cinco y pasa de 9-6-0 a 9-5-1.

Es la única candidatura que alcanza el umbral de nueve votos, pero ese dato, que en los sondeos anteriores podía sugerir una ventaja importante, adquiere ahora otro significado cuando vemos que dos miembros permanentes la desalientan.

La ventaja existe, pero no puede hacerse uso de ella debido al alto potencial de bloqueo.

Rodrigues-Birkett vuelve a la competencia

Carolyn Rodrigues-Birkett es experimenta una recuperación importante: tras caer de ocho a cinco alientos en el quinto straw poll, recupera esos tres votos al tiempo que sus desalientos bajan de nueve a seis. Su distribución también resulta competitiva, pero enfrenta el mismo problema que Grynspan: dos miembros permanentes la desalientan.

Su recuperación vuelve a colocarla en el grupo de cabeza, pero todo el grupo queda ahora en duda.

Grossi: ocho apoyos y una posición abierta en el P5

Rafael Grossi también mejora: pasa de seis a ocho alientos y reduce sus desalientos de siete a seis, pero, una vez más, recibe dos desalientos de miembros permanentes.

Grossi se presenta como el único de los tres candidatos mejor ubicados que mantiene todavía voto de indefinición entre los P5, pero no lo ayuda si no puede revertir los dos de desaliento.

El resultado confirma además una información que había mencionado con cautela en análisis anteriores: circulaba de manera extraoficial que Grossi enfrentaba al menos dos votos negativos entre los miembros permanentes. Las papeletas de colores ahora lo confirman.

Las otras candidaturas

Sin una modificación sustantiva de las posiciones actuales, los restantes contendientes están prácticamente fuera de carrera.

Macky Sall permanece inmóvil en 5-10-0, con tres de sus diez desalientos emitidos por miembros permanentes; Olara Otunnu mejora ligeramente respecto de la ronda anterior, pero también recibe tres desalientos del P5; María Fernanda Espinosa conserva exactamente su posición, pero con un solo aliento y tres desalientos entre los P5.

Ivonne A-Baki, por su lado, ofrece el caso más extremo: consigue su primer aliento después de no haber recibido ninguno en la ronda anterior, pero mantiene catorce desalientos, incluyendo los de los 5 miembros permanentes.

La lectura agregada

Candidatura A D S Δ A Δ D Δ S
Rebeca Grynspan 9 5 1 0 −1 +1
Carolyn Rodrigues-Birkett 8 6 1 +3 −3 0
Rafael Grossi 8 6 1 +2 −1 −1
Macky Sall 5 10 0 0 0 0
Olara Otunnu 4 10 1 +1 −2 +1
María Fernanda Espinosa Garcés 3 9 3 0 0 0
Ivonne A-Baki 1 14 0 +1 0 −1
Fuente: elaboración propia

En el agregado, la ronda ofrece una señal favorable respecto de la anterior: los votos de aliento aumentan de 31 a 38 y los desalientos disminuyen de 67 a 60, y siete posiciones sin opinión permanecen sin cambio, lo que significa que, después del fuerte deterioro registrado el 7 de octubre, el Consejo vuelve a mostrar una mayor concentración de posiciones favorables, aunque ninguna candidatura logra condiciones que habiliten su avance hacia una recomendación.

Pero desde esta ronda esos totales ya no pueden leerse de la misma manera, porque ya no necesitamos observar los totales para lidiar con la incertidumbre. Ahora la información que aportan las papeletas de colores requiere mirar los agregados de otra manera e invierte la relación: debemos partir de los desalientos expresados por los miembros permanentes.

Una ronda con más alientos, pero en la que todas las candidaturas muestran desalientos (más de uno) de algunos de los miembros permanentes nos lleva en otra dirección: la mayor presencia de votos de aliento no consigue compensar el que ninguna candidatura supere hoy la condición de ausencia de votos de desaliento como expresión de potenciales vetos.

Y aquí debemos hacer una aclaración: un voto de desaliento no es un veto formal, porque no se ha realizado una reunión formal sino una consulta informal de posiciones, por lo que un desaliento puede, al momento de la votación final, transformarse en, al menos, una abstención, que elimina el bloqueo. Ese dato me parece más importante que el simple conteo, porque nos dice que los P5 entrarán ahora en una etapa fuerte de negociaciones entre ellos, y que la recuperación agregada de alientos por algún candidato o candidata no alcanza, por sí sola, para destrabar la competencia.

Teniendo eso en cuenta. La diferencia entre Grynspan, Rodrigues-Birkett y Grossi es, en los números, prácticamente inexistente: la primera debería conseguir que los dos miembros permanentes que hoy la desalientan cambien sus posiciones, al menos, a abstención: la segunda necesita lo mismo, pero además sumar al menos un voto de aliento más, sea de un miembro permanente o no permanente; el tercero, también necesita llevar sus dos votos de desaliento a abstención, como mínimo, y conseguir un voto más de aliento, pero a diferencia de Rodrigues-Birkett sigue habiendo un miembro permanente “sin opinión”: si eso se convierte en aliento, alcanzaría la barrera de 9 votos favorables, pero si se transforma en desaliento, necesitará revertir 3 votos de miembros permanentes. Su posición es, por tanto, difícil de encuadrar y, según información extraoficial que considero suficientemente sólida, hay entre los miembros permanentes quien está dispuesto a trazar una línea roja ante la llegada de un argentino a la posición de secretario general.

¿Más cerca de un dark horse?

Después del quinto straw poll planteé que el deterioro del campo podía comenzar a generar incentivos para la aparición de latecomers o dark horses, utilizando el antecedente de Javier Pérez de Cuéllar en 1981 como un posible paralelismo desde el cual pensar el actual escenario, aunque las diferencias entre ambos procesos siguen siendo importantes.

Tras el sexto sondeo el problema ya no es un deterioro continuo de candidaturas existentes, como ocurría hasta ahora, sino que aparece ahora con claridad la dificultad de compatibilizar las preferencias de los P5.

En 1981 hicieron falta dieciséis votaciones formales fallidas, vetos cruzados comprobados y finalmente el retiro de Kurt Waldheim y Salim Ahmed Salim antes de que se abriera el espacio que terminó llevando a Pérez de Cuéllar a la Secretaría General.

El proceso de elección actual todavía está lejos de ese punto, pero el sexto straw poll aumenta fuertemente el incentivo por nuevas alternativas de candidaturas, y la ronda de nombres ya ha empezado a circular con menciones a potenciales candidatos y candidatas de fuera de América Latina y el Caribe, lo que terminaría por romper el “compromiso no escrito” de rotación regional en el cargo, tras el primer golpe que significó la elección de Guterres, cuando la práctica de la rotación indicaba que era el turno de Europa del Este.

La carrera empieza a depender de elementos nuevos: la llegada de dark horses al campo, la capacidad de transformar votos de desaliento de los P5 en votos, al menos, de abstención, y la voluntad negociadora de los P5, que no solo no podemos dar por asegurada, sino que existen indicios de que puede estar absolutamente ausente en, al menos, uno de ellos.

El proceso llegó a un punto de fuertes ataduras políticas y limitadísima eficiencia, justo lo contrario de lo que los P5 reclaman a las Naciones Unidas.