El cuerpo como último refugio ante el algoritmo

Por Javier Surasky

Version original en inglés (EN)

Personas vestidas y maquilladas de cuerdo a la moda antivigilancia y cámaras de vigilancia sobre ellas


En el presente, la visibilidad ha dejado de ser una experiencia social y personal para convertirse en una operación técnica. Cámaras, sensores y sistemas de inteligencia artificial, observan los cuerpos de manera permanente, en procesos automatizados que operan de forma continua y, en muchos casos, imperceptible.

En este contexto emerge el anti-surveillance fashion (moda antivigilancia), una práctica todavía marginal que recurre a prendas, maquillaje y accesorios concebidos para interferir con mecanismos de vigilancia algorítmica y de reconocimiento facial, en particular aquellos sustentados en visión por computadora y aprendizaje automático.

Desde esta perspectiva, sostenemos que la moda antivigilancia no es una tendencia estética sino una reacción frente a la consolidación de la IA como infraestructura de control y, por tanto, no puede entenderse como una solución técnica al problema de la vigilancia, sino como un indicador político y social. Su surgimiento pone de manifiesto una transformación estructural: el traslado progresivo de las lógicas de vigilancia hacia el cuerpo individual como nuevo punto de anclaje.

Vigilancia algorítmica

La vigilancia contemporánea no depende tanto de operadores humanos como de la IA, que observa sin cansancio, clasifica sin contexto y decide sin ética: “los sistemas de vigilancia impulsados por IA han sido ampliamente desplegados en espacios públicos centrados en las personas, incluidos centros educativos, instalaciones comerciales y vías urbanas” (Long et al., 2025:1), creando un escenario ecosistémico de vigilancia automatizada.

En términos foucaultianos, una forma de situar este giro es partir de las prácticas antes que de los “universales” (Estado, sociedad, soberanía) que suelen organizar nuestras explicaciones: si consideramos como supuesto “que los universales no existen” (Foucault, 2007:18), la vigilancia algorítmica se vuelve inteligible como un conjunto de procedimientos que generan realidad social.

En lugar de comprender a las personas como sujetos, los sistemas tienden a reducirlas a patrones: “La datificación del cuerpo separa lo físico de lo digital, convirtiendo a los sujetos encarnados en información que puede transmitirse electrónicamente” (Rogers, 2025:24), que es fuente de datos de la que se extraen identidades, intenciones o peligrosidad. La vigilancia algorítmica no necesita saber quién eres, sino en qué categoría entras, o, en otros términos, no reconoce sujetos sino correlaciones.

La ropa, que históricamente ha operado como un marcador cultural e identitario, pasa a ser también una variable de defensa: textura, color, forma y movimiento se integran a ese flujo de datos que alimenta los modelos de IA para enfrentarlos en su propio terreno.

Lecciones de la Primera Guerra Mundial

El trabajo de Adam Harvey en CV Dazzle es un antecedente inevitable dentro del tema que analizamos: se trata de una aplicación del camuflaje “dazzle” de la Primera Guerra Mundial al campo de la visión por computadora: el dazzle camouflage no pretendía que objetos como barcos de guerra fueran invisibles, sino confundir los cálculos del enemigo sobre rumbo, velocidad y orientación aplicando colores y patrones de pintura geométricos y de alto contraste.

Harvey aplica esa lógica de perturbación perceptiva al rostro humano mediane maquillaje y peinados asimétricos y de alto contraste para romper la configuración que los algoritmos esperan detectar en un rostro, dado que, si no hay cara detectable, el resto del análisis biométrico no se activa. Esas Intervenciones estéticas permiten engañar a los sistemas mediante un “un kit de herramientas de código abierto contra el reconocimiento facial en el que el cabello y el maquillaje pueden estilizarse para camuflar los rasgos faciales frente a programas de detección facial” (Calvi, 2023:83)

El maquillaje ya no está orientado a “verse bien”, sino a generar una “forma de no reconocibilidad” (Calvi, 2023:83) de invisibilidad en plena exposición, lo que conecta con una genealogía más amplia de objetos y prácticas antivigilancia, sumando lo estético funciona como interfaz de resistencia.

El cuerpo como superficie de captura de datos

Con el término “biopolítica” Foucault nombra una forma específica de problematización gubernamental de la vida: “la manera como se ha procurado, desde el siglo XVIII, racionalizar los problemas planteados a la práctica gubernamental por los fenómenos propios de un conjunto de seres vivos constituidos como población: salud, higiene, natalidad, longevidad, razas” (Foucault, 2007:359).

Sin embargo, como lo advierte Lemke (2017, 14-15), el concepto de biopolítica tiene un abanico de interpretaciones posibles y, en consecuencia, no se puede aplicar automáticamente sino que requiere de una operación de precisión conceptual.

Dado que la IA redefine el estatuto del cuerpo, ahora devenido interfaz biológica a partir de la cual se generan vectores, se produce una oposición entre un cuerpo humano situado y vulnerable y un sistema omnipresente y poderoso que lo observa, desajuste que da origen a la moda antivigilancia como estrategia de repolitización del cuerpo y su rol de agente ante un entorno que se apropia del mismo como un input pasivo.

Vestirse contra la vigilancia es buscar quebrar la fluidez de un sistema introduciendo ruido visual donde se presume orden: el camuflaje antivigilancia permite a las personas ocultarse a plena vista pero tiene un límite infranqueable en tanto propone una salida individual (Monahan, 2015) que afecta su peso político, pero para comprenderlo cabalmente debemos entender cómo opera la moda anitivigilancia.

Cuatro formas de resistencia desde la vestimenta

La moda antivigilancia se basa en cuatro grandes grupos de intervención que parten de una misma base: el adversario ya no es un observador humano, sino un modelo entrenado con datos masivos.

a) Interferencia algorítmica

Uso de patrones visuales diseñados para confundir modelos de visión por computadora, ya que “incluso pequeños cambios a nivel de píxel o manipulaciones sutiles de la textura pueden provocar fallos graves en la detección” (Zhou et al., 2025:1).

b) Bloqueo sensorial

Materiales que afectan sensores infrarrojos, cámaras térmicas o sistemas de profundidad. En el caso de la vigilancia térmica, por ejemplo, “se requiere que la prenda tenga un determinado efecto adversarial desde cualquier ángulo” (Zhu et al., 2021:3), de tal modo que trastorne la percepción del sistema de ángulos, distancias y/o movimientos.

c) Camuflaje urbano crítico

Kronman (2023:17) lo formula en clave lúdica: “jugar al juego de la evasión y engañar a la IA mediante diseños antivigilancia es una forma de juego de las escondidas urbano”. El camuflaje urbano busca una reconfiguración táctica de la presencia: desplazarse, mezclarse y desviar la lectura algorítmica en un entorno donde el fondo ya es infraestructura de detección.

d) Disrupción simbólica

Se trata de diseños que no se orientan a evadir la vigilancia, sino a hacerla visible. La ropa funciona como denuncia pública, no como escudo.

Limitaciones técnicas de la moda antivigilancia

Desde un punto de vista estrictamente técnico, la respuesta funciona poco y mal. Los sistemas evolucionan, se adaptan, se reentrenan y operan de forma multimodal, por lo que la vigilancia no depende de una sola señal.

Pero el campo técnico de contravigilancia avanza: al comienzo se utilizaban elementos externos y específicos, desde láseres hasta aparatos de emisión de luz que debían apuntarse hacia las cámaras. Hoy se privilegia la introducción de ruido visual en la ropa, haciendo innecesario portar cualquier otro equipo: los denominados ataques adversariales, por ejemplo, actúan por segmentación de personas mediante transformaciones y ocultamiento de “las zonas de la vestimenta en las imágenes” (Treu et al., 2021:3). Cada prenda se convierte en un soporte para deformar la imagen y, al mismo tiempo, su uso puede justificarse como una elección estética ordinaria.

Ya existen incluso prendas de activación controlada: “Al utilizar la temperatura como señal de control, el sistema activa simultáneamente parches RGB [red, green, and blue: rojo, verde y azul], e infrarrojos, logrando así una evasión bimodal de manera controlable” (Long et al., 2025:8).

Nada de eso cambia la realidad de que las técnicas antivigilancia no compiten en igualdad de condiciones con infraestructuras estatales o corporativas y, lo que es peor aún, las tácticas antivigilancia pueden incluso potenciar factores de discriminación: “esta estetización de la resistencia y los discursos que la acompañan presentan puntos ciegos significativos, especialmente en lo que respecta a cuestiones de identidad racial, diferencia y poder. Dado que los sistemas biométricos ya ‘fallan’ en mayor medida en el caso de las minorías raciales, lo que conlleva, de hecho, una vigilancia intensificada de esas poblaciones, ¿cuáles podrían ser los efectos de que alguien marcado como ‘Otro’ desafíe de manera abierta e intencional los sistemas estatales de vigilancia?” (Monahan, 2015:165).

La prenda que protege también confirma la regla: el estado de vigilancia permanecerá omnipresente, y crea una paradoja, ya que la misma práctica que visibiliza el problema contribuye a fragmentar la posibilidad de una respuesta colectiva.

Por ello entendemos a la moda antivigilancia como una pedagogía material, en tanto hace tangible lo abstracto de la presencia constante de la IA como herramienta de control: la prenda se vuelve recordatorio de que la IA no es neutral y de que el cuerpo importa políticamente, pero no dejamos de señalar el peligro de que se transforme en otra estética de lo moderno, debido a que aunque toda práctica individual de resistencia tiene efectos políticos, su potencial transformador depende de su articulación colectiva, que queda más allá de la intervención estética sobre el propio cuerpo.

Conclusión: vestirse como acto político individual y solidario

La moda antivigilancia no espera acabar con la vigilancia algorítmica, pero su aparición y extensión señalan un punto de quiebre, en el que el acto de vestirse queda supeditado a la existencia de un algoritmo de control, exponiendo una falla en la estructura del sistema social, resultado del uso y abuso de una IA desgobernada.

La moda antivigilancia es, más que una solución a un problema, una advertencia sobre el hecho de que los debates sobre el uso de IA en materia de vigilancia no pueden limitarse a elementos técnicos, sino que debe abrirse a preguntas elementales que siguen sin responderse: ¿Qué opciones existen para las personas en un sistema que nos observa de manera permanente, nos agrupa sin nuestro consentimiento?

El cuerpo se vuelve el último espacio de resistencia. Ya lo decía George Orwell (2021:190-191): “No podemos actuar colectivamente. Sólo podemos difundir nuestro conocimiento de individuo en individuo, de generación en generación. Ante la Policía del Pensamiento no hay otro medio”.

 

Referencias

Calvi, I. (2023). Countersurveillance aesthetic: The role of fashion in the reappropriation of identity. ZoneModa Journal, 13(1S), 75-91. https://zmj.unibo.it/article/view/17936/16931

Foucault, M. (2007). Nacimiento de la biopolítica: Curso en el Collège de France (1978-1979). Fondo de Cultura Económica.

Kronman, L. (2023). Hacking surveillance cameras, tricking AI and disputing biases: Artistic critiques of machine vision. Open Library of Humanities, 9(2), 1-35. https://olh.openlibhums.org/article/10181/galley/23437/view/

Lemke, T. (2017). Introducción a la biopolítica. Fondo de Cultura Económica.

Long, J., Jiang, T., Liu, H., Ma, C., & Yao, W. (2025). Thermally activated dual-modal adversarial clothing against AI surveillance systems. arXiv. https://arxiv.org/pdf/2511.09829v2

Monahan, T. (2015). The right to hide? Anti-surveillance camouflage and the aestheticization of resistance. Communication and Critical/Cultural Studies, 12(2), 159-178. https://publicsurveillance.com/papers/Right-to-hide.pdf

Orwell, G. (2021). 1984. Penguin Random House

Rogers, L. (2025). Styling the surveillance self in fashion media: Strategies of sexualization and sentimentality. Surveillance & Society, 23(1), 17-36. https://ojs.library.queensu.ca/index.php/surveillance-and-society/article/view/17269/12296

Treu, M., Le, T.-N., Nguyen, H. H., Yamagishi, J., & Echizen, I. (2021). Fashion-guided adversarial attack on person segmentation. arXiv. https://arxiv.org/pdf/2104.08422v2

Zhou, D., Chan, P. P. K., Wu, H., Zheng, S., Huang, R., & Zhao, Y. (2025). Physically realistic sequence-level adversarial clothing for robust human-detection evasion. arXiv. https://arxiv.org/pdf/2511.16020v2

Zhu, X., Hu, Z., Huang, S., Li, J., & Hu, X. (2021). Infrared invisible clothing: Hiding from infrared detectors at multiple angles in real world. Proceedings of the IEEE/CVF Conference on Computer Vision and Pattern Recognition (CVPR). https://openaccess.thecvf.com/content/CVPR2022/papers/Zhu_Infrared_Invisible_Clothing_Hiding_From_Infrared_Detectors_at_Multiple_Angles_CVPR_2022_paper.pdf

Zuboff, S. (2019). The age of surveillance capitalism: The fight for a human future at the new frontier of power. PublicAffairs.