Por Javier Surasky
La imputabilidad como condición del orden internacional
La imputabilidad ha sido una de las condiciones que hicieron posible el orden internacional moderno, porque permite atribuir conductas, distribuir responsabilidades y sostener expectativas de comportamiento en un sistema descentralizado. Sin embargo, la expansión de la inteligencia artificial en funciones estratégicas alteró esas bases al introducir procesos decisionales distribuidos, opacos y difíciles de controlar políticamente.
Este post examina qué ocurre con la responsabilidad internacional cuando la imputabilidad pierde capacidad operativa para disciplinar conductas, estructurar legitimidad y sostener la gobernanza del sistema.
Además, profundamente estudiada por el derecho internacional, la imputabilidad ha sido menos abordada por el campo de las Relaciones Internacionales, que la ha considerado un supuesto implícito. Pero ¿y si ese supuesto se cayera con la llegada y expansión de la IA?
Hasta hace poco tiempo toda acción internacional tenía
detrás al Estado, un actor identificable capaz de ser responsabilizado, aunque
más no sea simbólicamente, por sus consecuencias, pero al incluir la IA en
funciones estratégicas como evaluación de riesgos o control fronterizo, se
crean nuevas “formas de decidir” que tensionan el esquema de imputación tradicional.
Como consecuencia, se ha producido un doble debate: enfoques
normativos observan la responsabilidad de la IA mediante la adaptación de categorías
preexistentes mientras, otros trabajan sobre el supuesto de que la IA tiene
niveles de autonomía y/o agencia propios, lo que lleva
las discusiones al plano ético-ontológico, cuestionando si el
actual sistema “basado en un paradigma de acción humana, resulta suficiente
para atribuir responsabilidad” (Human Rights Council Advisory Committee,
A/HRC/60/63: párrafo 31).
Más allá del derecho: la imputabilidad como capacidad sistémica
Nosotros elegimos distanciarnos
de ambas aproximaciones para pensar desde un lugar más incómodo, partiendo de
que la incorporación de sistemas de IA en funciones estratégicas produce una
transformación cualitativa de la imputabilidad y la diluye a través de “ensamblajes
sociotécnicos” (Domínguez Hernández et al., 2025.43) distribuidos, lo que
debilita la capacidad internacional de ejercer control y forzar la rendición de
cuentas.
Estos ensamblajes, donde “los
seres humanos y la tecnología interactúan como parte de entramados
sociotécnicos complejos, en los que la distinción entre la conducta humana y la
conducta de las máquinas no es nítida” (Boutin: 2023:141), generan una nueva
ecología compuesta por una matriz compleja de actores, algoritmos y máquinas,
haciendo necesario conceptualizar la imputabilidad como una capacidad sistémica
más que como atributo jurídico.
IA y transformación del entorno decisional
El punto de partida está dado por un hecho nuevo: los
sistemas algorítmicos no se limitan a ejecutar instrucciones predefinidas, sino
que participan en la producción de las decisiones, y en ocasiones también de
las acciones (IA agéntica) y por tanto no pueden abordarse como actos discretos
atribuibles a un momento específico sino que se expresan como interacciones
entre datos, modelos e infraestructuras, incluyendo “dinámicas no lineales,
efectos umbral, cascadas y predictibilidad limitada” (Ilcic et al., 2025:5).
Los debates sobre gobernanza global de la IA han abordado
este cambio con propuestas orientadas a reforzar la imputabilidad mediante
principios como human-in-the-loop, transparencia algorítmica o
auditorías técnicas, todos ellos necesarios pero insuficientes para establecer
lazos de atribución de comportamientos, intentando adaptar modelos de
imputabilidad existentes dentro de la responsabilidad internacional a procesos
donde interviene la IA, lo que presupone que la imputabilidad puede mantener su
naturaleza previa y que el desafío está en hallar el punto correcto de
atribución.
No compartimos esa visión.
La mediación algorítmica reconfigura las condiciones bajo
las cuales opera la imputabilidad, produciendo un cambio en la arquitectura
sociotécnica de las decisiones, y en el que los modelos tradicionales de
responsabilidad no pueden sostener la imputabilidad de acciones de manera
políticamente significativa.
Estamos frente a un problema estructural que no se resuelve
por intensificación cuantitativa de dinámicas conocidas, sino que requiere una
transformación cualitativa de condiciones de operación.
Esto no niega la importancia del derecho internacional o de
sus aportes en el campo de la responsabilidad internacional, sino que señala la
necesidad de asumir normativamente la creciente divergencia entre atribución
formal de responsabilidad y capacidad efectiva de imputabilidad sobre procesos
decisionales complejos en los que interviene la IA.
La brecha entre imputación jurídica y control efectivo
En el derecho internacional, la imputabilidad se ha
edificado sobre reglas
de atribución de conductas al Estado, una estrategia normativa que ha mostrado
resiliencia frente a contextos cambiantes permitiendo imputar conductas aun
cuando las cadenas causales resultaban de representaciones indirectas.
Ese efecto se logró desde el presupuesto de un Estado que
tiene un grado de control efectivo sobre los procesos que generan las conductas
que se le imputan, lo que ya no es fácil de sostener cuando se introducen sistemas
de IA en funciones en las que la capacidad de los agentes del Estado de
comprender, anticipar o modificar el comportamiento de la IA es limitada: en un
sistema de IA “Si el operador de un sistema de IA no tiene control sobre el
resultado, si la máquina opera en gran medida de manera autónoma de modo tal
que las acciones u omisiones de los operadores humanos no están causalmente
vinculadas a la infracción, puede sostenerse que no existe conducta humana por
parte del operador que sirva como base para la atribución” de responsabilidad
(Boutin, 2023:140).
La imputación jurídica puede persistir, pero el fundamento
político que le servía de base se ha quebrado dando lugar a una brecha
funcional entre el derecho y las condiciones materiales de imputabilidad por
los hechos producidos.
Además, la imputabilidad, dentro del esquema jurídico
internacional de responsabilidad, cumple la función política de distribuir costos
reputacionales o estratégicos entre decisores, lo que ayuda a construir
expectativas de comportamiento futuro, función que se derrumba en contextos
mediados por IA, donde la voluntad del agente estatal se desplaza hacia procesos
técnicos complejos, distribuidos en el tiempo y el espacio.
Ya no es la “voluntad política” sino algún criterio de
eficiencia algorítmica lo que sostiene la adopción de una decisión y sus
acciones resultantes, y ese criterio de eficiencia se construye de forma
distribuida entre diseñadores, programadores, proveedores tecnológicos y usuarios
de los modelos de IA.
Imputabilidad, narrativa y legitimidad
Una tercera dimensión es la de la imputabilidad en sentido
narrativo: en el sistema internacional, la responsabilidad es coautora de la
producción de un relato legítimo sobre lo ocurrido que explica lo que ha
sucedido, pero cuando interviene la IA, traducir el funcionamiento técnico de
un sistema a un lenguaje político es readaptarlo: El relato político-normativo
deviene en uno tecnológico-explicativo y quienes tienen capacidad de controlar
esa narrativa son actores no estatales, por lo que la imputabilidad como poder
público se desactiva discursivamente.
En conclusión, las tres dimensiones sistémicas de la imputabilidad
(atribución jurídica, responsabilidad política y control narrativo) se
mantienen, pero la IA altera profundamente sus modos de ser y su legitimidad.
Se objeta ello que la IA no introduce elementos sustantivamente
diferentes a otros con los que ya la imputabilidad haya debido lidiar, sino que
solo aumenta su complejidad. Vemos esa posición como peligrosa, ya que ve un
problema cuantitativo cuando en realidad es cualitativo por modificación de la
ontología práctica de la decisión que impone la IA al romper con el sustento en
actos discretos atribuibles a sujetos identificables.
Vale destacar al respecto que los agentes de IA han
evolucionado “de simples ejecutores de tareas a sistemas complejos capaces de
toma de decisiones autónomas y razonamiento de múltiples pasos, con mínima
supervisión humana” (ITU: 2025a:4).
Es el algoritmo quien distribuye los pesos de las variables
que llevan a la decisión y se retroalimenta de sus resultados, modificando a
partir de ello su estructura interna de asignación de pesos a las variables
consideradas en cada toma de decisión. El río fluye y nadie se baña dos veces
en las mismas aguas, tampoco los algoritmos.
Ámbitos críticos: seguridad, sanciones y cooperación
Estas transformaciones impactan en todos los ámbitos de la
vida internacional, pero afectan a algunos más que a otros
- El ámbito de la seguridad y la defensa ha sido uno de los primeros en incorporar sistemas de IA en funciones estratégicas. Desde el punto de vista de la imputabilidad, las tensiones son aquí especialmente agudas, especialmente cuando la mediación algorítmica altera los esquemas de toma de decisiones en torno a jerarquización de objetivos o proporcionalidad de respuestas armadas coproducidas por personas y algoritmos en las que un decisor humano valida o ejecuta una recomendación cuya lógica no puede reconstruir ni contestar y, como sostienen Australia et al.(2024: Anexo, párrafo (b)): “la responsabilidad humana por las decisiones sobre el uso de sistemas de armas debe mantenerse, ya que la rendición de cuentas no puede transferirse a las máquinas”. La solución aplicada hasta hoy: es mantener una apariencia de imputabilidad sobre la persona humana a costo de debilitarla en términos sustantivos, esto es privilegiar la forma, para que encaje en los moldes, por sobre el fondo (UNIDIR, 2025; ICRC, 2025).
- El ámbito de la seguridad y la defensa ha sido uno de los primeros en incorporar sistemas de IA en funciones estratégicas. Desde el punto de vista de la imputabilidad, las tensiones son aquí especialmente agudas, especialmente cuando la mediación algorítmica altera los esquemas de toma de decisiones en torno a jerarquización de objetivos o proporcionalidad de respuestas armadas coproducidas por personas y algoritmos en las que un decisor humano valida o ejecuta una recomendación cuya lógica no puede reconstruir ni contestar y, como sostienen Australia et al.(2024: Anexo, párrafo (b)): “la responsabilidad humana por las decisiones sobre el uso de sistemas de armas debe mantenerse, ya que la rendición de cuentas no puede transferirse a las máquinas”. La solución aplicada hasta hoy: es mantener una apariencia de imputabilidad sobre la persona humana a costo de debilitarla en términos sustantivos, esto es privilegiar la forma, para que encaje en los moldes, por sobre el fondo (UNIDIR, 2025; ICRC, 2025).
- En el caso del establecimiento de sanciones económicas, control financiero o regulación de flujos transnacionales la mediación algorítmica se traduce en una optimización tecnológica en materia de eficiencia y objetividad (Bing Hu: 2024), pero desde una visión de imputabilidad, es el sector donde las decisiones se desplazan con mayor peso hacia procesos automatizados de clasificación y puntuación predefinidos y, por tanto, se activan en ausencia de decisión política activa. El problema político se torna un problema puramente técnico de afinar algoritmos y eliminar sesgos, y la responsabilidad se diluye en un limbo tecnológico de sistemas de machine learning de caja negra.
- En el espacio de la cooperación internacional, la ayuda humanitaria y las políticas de desarrollo los sistemas de IA se utilizan para asignar recursos, identificar beneficiarios, evaluar necesidades, priorizar intervenciones y medir impactos. La naturaleza del campo exacerba los desafíos de imputación en contextos de asimetría estructural.
Cuando la cooperación incluye transferencia de sistemas de IA quienes los reciben no controlan las infraestructuras técnicas subyacentes y quedan alineados a modelos, plataformas y desarrollos digitales realizados en contextos foráneos. Sin embargo, si aplicamos la lógica tradicional, seguirán siendo imputables por las acciones que se tomen en coproducción con esos sistemas. Se genera así el riesgo de imponer una “colonialidad de la imputación”, con una profundización de la desigualdad regional y de la polarización económica (ITU, 2025a:21).
Los tres casos, por vías diferentes, muestran un efecto de desacople
entre imputabilidad, control efectivo y la rendición de cuentas.
Las consecuencias son un debilitamiento de la imputabilidad como
herramienta disciplinaria, cognitiva y de legitimación de acciones, lo que a su
vez resulta en un mundo más difícil de gobernar políticamente: en las nuevas
condiciones, la imputabilidad se convierte en una solución técnico-política ex
post asociada a la mitigación, la corrección y el ajuste de sistemas.
Ganadores, perdedores y el futuro del orden internacional
Estas transformaciones en la imputabilidad internacional
generan ganadores y perdedores estructurales.
Los principales beneficiarios de una imputabilidad
erosionada son quienes tienen un mayor control sobre infraestructuras críticas
(datos, cómputo, plataformas) el diseño de algoritmos y el discurso
tecnológico, es decir, las grandes empresas tecnológicas transnacionales y los Estados
con capacidades avanzadas en IA.
En espejo, los Estados con menor capacidad tecnológica,
organizaciones dependientes de infraestructuras externas, poblaciones afectadas
por decisiones algorítmicas e incluso nuevas empresas que buscan ingresar al
sector digital enfrentan un sistema de imputabilidad asimétrico en que deben
responder por sistemas de decisión sobre los que no tienen control pleno y sin
capacidad para contraponer una narrativa propia a la dominante.
Este replanteamiento se inserta además en un contexto más
amplio de reorganización institucional del sistema internacional, visible
también en procesos
como ONU80.
La cuestión que deberíamos estar enfrentando no es la de
cómo imputar decisiones mediadas por IA, sino qué hacer cuando la arquitectura
misma de la decisión desafía las condiciones bajo las cuales la gobernanza de
la imputabilidad ha operado históricamente. En ese replanteamiento se juega una
parte importante del futuro del orden internacional en la era de lo digital: “Los
principios conforme a los cuales queremos vivir deben incorporarse en los
estándares que desarrollamos” hoy (ITU, 2025b:7).
Referencias
Australia, Canadá, Estonia, Japón, Letonia, Lituania,
Polonia, República de Corea, Reino Unido y Estados Unidos (2024). Draft
articles on autonomous weapon systems – prohibitions and other regulatory
measures on the basis of international humanitarian law (“IHL”)
(CCW/GGE.1/2024/WP.10). Group
of Governmental Experts on Emerging Technologies in the Area of Lethal
Autonomous Weapons System.
Boutin, B.
(2023). State responsibility in relation to military applications of artificial
intelligence. Leiden Journal of International Law, 36, 133–150. https://doi.org/10.1017/S0922156522000607
Domínguez
Hernández, A.; Perini, A. M.; Hadjiloizou, S.; Borda, A.; Mahomed, S. t Leslie,
D. (2026). Towards a sociotechnical ecology of artificial intelligence: power, imputability,
and governance in a global context. AI and Ethics, 6, 43. https://doi.org/10.1007/s43681-025-00902-6
Hu, B.
(2024). AI-driven global sanctions enhancement. Frontiers in Management
Science, 3(3). https://doi.org/10.56397/FMS.2024.06.02
Human
Rights Council Advisory Committee. (2025). Human rights implications of new
and emerging technologies in the military domain (United Nations General
Assembly, A/HRC/60/63). https://docs.un.org/en/A/HRC/60/63
ICRC (International
Committee of the Red Cross) (2025). Autonomous weapon systems and
international humanitarian law: Selected issues (Position Paper).
Ilcic, A., Fuentes, M., & Lawler, D. (2025). Artificial intelligence, complexity,
and systemic resilience in global governance. Frontiers in Artificial
Intelligence, (8). https://doi.org/10.3389/frai.2025.1562095
ITU (International
Telecommunication Union) (2025a). The annual AI governance report 2025:
Steering the future of AI. https://s41721.pcdn.co/wp-content/uploads/2021/10/2502019_AI-Governance-Dialogue-Steering-the-Future-of-AI-2025.pdf
ITU (International
Telecommunication Union) (2025b). AI standards for global impact: From
governance to action. https://www.itu.int/dms_pub/itu-t/opb/ai4g/T-AI4G-AI4GOOD-2025-4-PDF-E.pdf
