Por Javier Surasky
Anthropic ocupa una posición central entre las empresas que
desarrollan modelos de inteligencia artificial de frontera: compite por
capital, talento, capacidad computacional y clientes con las compañías
tecnológicas más poderosas del mundo, pero, especialmente en el último tiempo,
ha construido buena parte de su identidad alrededor de la seguridad de la IA y
la necesidad de establecer límites al desarrollo y utilización de sistemas, lo
que plantea una pregunta a nuestro mapa de poder: ¿qué ocurre cuando una
empresa no solo desarrolla una tecnología de frontera, sino que también
participa activamente en la definición de las condiciones bajo las cuales
debería ser utilizada?
Lo mejor es comenzar por entender de qué hablamos cuando nos
referimos a Anthropic: en febrero de 2026 la compañía anunció una ronda de
financiación de USD 30.000 millones, lo que la valoró en USD 380.000 millones,
e informó ingresos anualizados de aproximadamente USD 14.000 millones, aunque
poco después señaló que esa cifra había superado los USD 30.000 millones
(Anthropic, 2026a, 2026b).
Anthropic controla Claude, uno de los modelos de
frontera más relevantes del mercado, y reúne el talento humano que requiere su
actualización y gestión, pero depende de otros actores para acceder a los
recursos materiales que hacen posible entrenarlo y operarlo. Desarrollar modelos
de frontera requiere enormes cantidades de capacidad computacional, y allí
aparece una primera dependencia.
Amazon ocupa una posición importante en este plano, con una
inversión total de USD 8.000 millones en Anthropic para 2024 y con AWS como su
principal proveedor de nube y socio para entrenamiento. La relación entre ambas
empresas va más allá de una compraventa convencional de capacidad
computacional: los equipos de Anthropic trabajan con Annapurna Labs,
perteneciente a AWS, en la optimización de aceleradores (Trainium) y del
software utilizado para operar sobre ellos (Anthropic, 2024).
Sin embargo, Anthropic ha buscado no depender de una sola
infraestructura haciedno que sus modelos utilicen una combinación de chips
Trainium de AWS, TPU de Google y GPU de Nvidia, mientras Claude se distribuye a
través de diferentes proveedores de nube y, en 2025, anunció una asociación
estratégica con Microsoft y Nvidia que incluyó un compromiso de compra de USD
30.000 millones en capacidad de Azure y hasta un gigavatio adicional de cómputo
(Anthropic, 2025a).
En 2026, Anthropic siguió ampliando su estrategia de
acuerdos de infraestructura con Amazon, Google y Broadcom, y sumó capacidad
vinculada con SpaceX (Anthropic, 2026b, 2026c).
¿Resultado? Una red de dependencias cruzadas en la que
Anthropic se nutre de chips, centros de datos, energía y servicios de nube que
no controla, mientras Amazon, Google, Microsoft o Nvidia, se alimentan de la
demanda generada por el desarrollo de modelos avanzados sobre sus procesadores
e infraestructura.
La relación, de todos modos, es asimétrica, porque Anthropic
puede diversificar proveedores, pero no fabricar por sí misma los procesadores
ni construir rápidamente la infraestructura necesaria para entrenar modelos de
frontera, y su capacidad para mantener autonomía depende, en gran parte, de que
exista competencia entre quienes controlan esas capas materiales.
La seguridad como fuente de influencia
Otra dimensión del poder de Anthropic se encuentra en el
posicionamiento de la empresa dentro de la narrativa de la seguridad de la
inteligencia artificial, que en su discurso se presenta como uno de los
elementos centrales de su identidad institucional.
Su "Política de escalamiento responsable" (Responsible
Scaling Policy) se presenta como la búsqueda de lograr un nexo entre
crecimiento de capacidades de los modelos y mecanismos para su evaluación y
mitigación de riesgos, y fue diseñada como una política capaz de modificarse a
medida que evolucionan tanto los sistemas como el conocimiento sobre sus
posibles efectos (Anthropic, 2026d).
Vista desde dentro de la empresa, se trata de una
herramienta de gestión de riesgos, pero desde la perspectiva de un mapa de poder, le permite autodefinir qué capacidades deben considerarse especialmente
riesgosas, qué evaluaciones deben realizarse y qué salvaguardas son necesarias,
lo que resulta en la creación de categorías que circulan más allá de la empresa
y alimentan discusiones regulatorias, académicas y gubernamentales.
En esa línea, la compañía participa activamente en debates
sobre políticas públicas y produce investigación sobre materias que exceden el
funcionamiento técnico de sus modelos. El Anthropic Economic Index, por
ejemplo, utiliza patrones de uso de Claude para analizar cómo están siendo
automatizadas o complementadas mediante inteligencia artificial diferentes
tareas (Anthropic, 2026e).
Como resultado, la empresa es, al mismo tiempo, un actor
potencialmente alcanzado por futuras regulaciones y un productor de
conocimiento que puede ser utilizado para definir los problemas que esas
regulaciones deberían atender. Como vimos en el caso del MIT, clasificar
también es intervenir, y esto es especialmente fuerte cuando se juega desde una
posición de poder como la de Anthropic.
El affaire con el gobierno de Estados Unidos
En 2025, Anthropic estableció su Consejo Asesor sobre
Seguridad naciona y Sector Público (National Security and Public Sector
Advisory Council) integrado por personas con experiencia en el Congreso, el
Departamento de Defensa, la comunidad de inteligencia y otras áreas
gubernamentales de los Estados Unidos, una iniciativa que fue presentada como
una forma de apoyar el uso de la IA en ámbitos como ciberseguridad, análisis de
inteligencia, investigación científica y seguridad nacional (Anthropic, 2025b).
De esta forma, la empresa quedó envuelta en el aparato estatal estadounidense: sus modelos y conocimientos se habían incorporando a
actividades gubernamentales y vinculadas con la defensa, hasta que surgió una
"línea roja" cuando, en 2026, Anthropic se negó a aceptar
determinadas utilizaciones de Claude relacionadas con vigilancia doméstica
masiva y sistemas de armas plenamente autónomos que la llevó a una disputa con
el Departamento de Defensa que escaló hasta que el Pentágono intentó excluir a
la empresa de determinados contratos alegando riesgos para la cadena de
suministro. Anthropic llevó el conflicto a los tribunales y una jueza federal
bloqueó posteriormente esa decisión (Reuters, 2026) y yo todavía me pregunto si
no fue un movimiento calculado por Anthropic, una jugada maestra de marketing
que llevó a miles de usuarios en el mundo a utilizar su LLM en lugar de otra
alternativa.
Este episodio resulta especialmente útil para nuestro mapa,
porque modifica la pregunta habitual sobre la relación entre gobiernos y
empresas tecnológicas: en lugar de preguntamos qué capacidad posee el Estado
para limitar a una compañía privada, la cuestión aquí fue qué capacidad poseía
una empresa para establecer condiciones al uso estatal de una tecnología que el
gobierno deseaba utilizar, una relación que no encaja en la tradicional entre
un Estado regulador y una empresa regulada y expone una dependencia
bidireccional.
La empresa mostró con ello una faceta poco habitual del
poder dentro del ecosistema de la IA: estableció condiciones bajo las cuales no
acepta actuar, y lo hizo ante el Departamento de Defensa estadounidense.
Pero esa capacidad, como siempre ocurre, tiene límites,
porque Anthropic necesita capital, infraestructura, clientes y acceso a
mercados regulados por gobiernos y compite con otras (pocas) compañías capaces
de ofrecer modelos avanzados. Su poder de decir no depende del costo que su
negativa tenga para los demás.
La sustancia del affaire Anthropic-EE.UU. fue la tensión entre dos centros de poder que poseen recursos diferentes y negocian las condiciones bajo las cuales pueden utilizarlos conjuntamente, y puede proyectarse a otros campos: cuanto mayor sea el peso de empresas como Anthropic en actividades económicas, científicas, administrativas o militares, mayor será la relevancia social de sus decisiones por desequilibrio de poder respecto de sus contrapartes. Y es muy diferente hablar de que una empresa decide imponerse
límites o de que existan mecanismos institucionales capaces de establecerlos,
supervisarlos e imponerlos.
Datos básicos
- Anthropic fue fundada en 2021 y tiene su sede en San Francisco, Estados Unidos.
- Sus fundadores incluyen a Dario Amodei (actual CEO), Daniela Amodei (hoy presidenta de la empresa), Jack Clark, Jared Kaplan, Sam McCandlish, Tom Brown y Chris Olah.
- Está constituida bajo la forma jurídica de Corporación de Beneficios Públicos (Public Benefit Corporation) de Delaware.
- La empresa creó el Long-Term Benefit Trust, una estructura independiente con capacidad progresiva para intervenir en la designación y remoción de integrantes de su directorio.
- Claude es la familia de modelos y productos de inteligencia artificial desarrollada por la compañía, entre la que se destaca Claude Code, su herramienta de programación agéntica.
- El Model Context Protocol (MCP) es un estándar abierto creado por Anthropic para conectar sistemas de IA con herramientas y datos que, para comienzos de 2026, alcanzaba aproximadamente 100 millones de descargas mensuales (Anthropic, 2026f).
Referencias
Anthropic.
(2023, 19 de septiembre). The Long-Term Benefit Trust.
Anthropic.
(2024, 22 de noviembre). Powering the next generation of AI development with
AWS.
Anthropic.
(2025a, 18 de noviembre). Microsoft, NVIDIA, and Anthropic announce
strategic partnerships.
Anthropic.
(2025b, 27 de agosto). Introducing the Anthropic National Security and
Public Sector Advisory Council.
Anthropic.
(2026a, 12 de febrero). Anthropic raises $30 billion in Series G funding at
$380 billion post-money valuation.
Anthropic.
(2026b). Anthropic expands Google and Broadcom compute deal.
Anthropic.
(2026c). Higher usage limits and a SpaceX compute deal.
Anthropic.
(2026d). Anthropic’s Responsible Scaling Policy.
Anthropic.
(2026e, 26 de junio). The Anthropic Economic Index.
Anthropic. (2026f,
13 de enero). Introducing Labs.
Reuters.
(2026, 28 de agosto). US judge blocks Pentagon's Anthropic blacklisting.
Reuters.
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